Según los últimos datos publicados por la Oficina Municipal de Datos del Ayuntamiento de Barcelona, la ciudad cuenta actualmente con 1.729.963 personas empadronadas, una cifra ligeramente inferior (-0,1%) a la del año anterior y que rompe la tendencia de crecimiento iniciada en 2023.
A pesar de que el descenso es moderado y Barcelona mantiene el segundo mayor volumen de población de los últimos cuarenta años, desde la administradora de fincas Vecinos Felices consideran que el dato constata el inicio de un cambio de dinámica en el mercado residencial metropolitano. «Cuando una ciudad sigue generando empleo, atrayendo población y recibiendo más inmigración de la que pierde, pero aun así deja de crecer, hay que preguntarse qué está ocurriendo. Y una de las respuestas está en la vivienda», sostiene Blanco, CEO de Vecinos Felices.
Los datos municipales muestran que durante 2025 Barcelona registró un saldo natural negativo de 3.549 personas, compensado ampliamente por un saldo migratorio positivo de 11.383 habitantes. Para la experta, esta aparente contradicción evidencia que la ciudad continúa siendo un polo de atracción, pero encuentra cada vez más dificultades para retener a parte de su población residente, que comienza a buscar alternativas fuera de la capital.
«La presión sobre los precios ha alcanzado un punto en el que muchas familias ya no buscan vivienda donde quieren vivir, sino donde todavía pueden permitírsela. Eso está modificando el mapa residencial de toda el área metropolitana”.
Para miles de personas, vivir en determinados municipios metropolitanos supone mantener prácticamente la misma vida laboral y social que tendrían en Barcelona, pero con precios significativamente más asumibles. La diferencia económica es cada vez más determinante en la decisión de compra o alquiler.
