El Instituto de Estudios Económicos (IEE) prevé un avance del PIB del 2,1% en 2026 y del 1,8% en 2027, frente al 2,8% de 2025. La inflación seguirá siendo un factor negativo, con una media del 3,2% en 2026 y del 2,4% en 2027, condicionada por los precios energéticos y la retirada de medidas fiscales.
El principal detonante de esta moderación es el shock energético derivado de la guerra en Irán y el cierre del estrecho de Ormuz, que ha elevado los costes y alimentado la inflación. A ello se suman los efectos de los tipos de interés, que frenan el consumo y la inversión.
Aun así, la demanda interna, especialmente el consumo de los hogares, seguirá siendo el principal motor del crecimiento, apoyado en el empleo. Por sectores, la industria acusa el encarecimiento energético y las disrupciones de suministro, mientras que los servicios mantienen el impulso gracias al turismo, aunque con expectativas empresariales débiles.
• Las negociaciones sobre el estrecho de Ormuz concentran la atención mundial: los efectos del shock energético están siendo más intensos sobre la inflación que sobre la actividad. No obstante, la OCDE prevé una desaceleración del crecimiento global hasta el 2,8% para 2026, tras el 3,4% en 2025.
• La economía española muestra señales de desaceleración, aunque mantiene un dinamismo significativamente superior al de la eurozona. Nuestras previsiones apuntan a un crecimiento del 2,1% en 2026 y del 1,8% en 2027.
• Entre 2018 y 2025 el aumento del factor demográfico total explica el 43% del crecimiento del PIB, mientras que la población con nacionalidad extranjera y doble nacionalidad eleva su peso económico del 11,6% al 18,5% y aporta el 73,9% del crecimiento total del PIB en ese periodo.
• La población extranjera y con doble nacionalidad sostiene el crecimiento del mercado laboral español: explica prácticamente todo el aumento de la población activa desde 2018 y cerca de dos tercios del empleo creado.
• El consumo final de los hogares de las personas nacidas en el extranjero pasa del 9,6% sobre el total en 2016 al 16% en 2024. Además, explica el 86% del crecimiento total del consumo final de los hogares en el periodo 2018-2025.
En el plano internacional, el crecimiento global se desacelera por el impacto energético. La OCDE reduce su previsión al 2,8% en 2026, con inflación al alza, lo que mantiene una política monetaria restrictiva. Estados Unidos y la eurozona muestran menor dinamismo, esta última especialmente afectada por su dependencia energética.
En este contexto, la economía española resiste mejor que la media europea, pero con riesgos crecientes derivados de la inflación, la incertidumbre y la menor inversión. El IEE advierte de la necesidad de mejorar la productividad, la inversión y la competitividad para sostener el crecimiento a medio plazo.

