Una estrategia que, por lo pronto, «no tendrá impacto inmediato en las operaciones ni en la presencia del grupo en España, donde la actividad continúa con normalidad». En los últimos tres años, el grupo se ha reestructurado, pero este plan ahora ha pasado a la «siguiente fase de transformación» debido a un contexto complicado marcado por tensiones geopolíticas, aumento de costes, exigencias regulatorias o un entorno competitivo cada vez más intenso. Por ello, su consejo de administración presentó este jueves al de supervisión 12 medidas con el objetivo de ser «aún más resiliente, eficiente y ágil», tal y como apunta el grupo en un comunicado.
Entre ellas, «simplificar gradualmente la gama de modelos hasta en un 50%» para concentrarla en los segmentos de mercados más atractivos. Lo mismo ocurrirá con las opciones de equipamiento en marcas de todo el grupo, como Skoda, Porsche, Audi o Seat & Cupra, que también «se reducirán en un 75%», detallan. Una estrategia que les permitirá centrar las inversiones y recursos en los productos de mayor valor añadido. También adaptarán su red de fabricación a esta nueva situación. Pasarán así de una producción anual de unos 12 millones de vehículos a 9. No quedará ahí, sino que también se van a optimizar las funciones de desarrollo, la digitalización de la mano de la inteligencia artificial o los servicios compartidos, que contribuirán a un aumento de la productividad y la velocidad.
Finalmente este plan impulsado por el consejero delegado del grupo, Oliver Blume, ha sido más agresivo de lo esperado. Ya el 10 de marzo saltaron las alarmas al conocerse que la empresa había anunciado el recorte de 50.000 empleos en Alemania hasta 2030, de ellos 35.000 en la marca VW. Poco después, a finales de junio, también se conoció que su reestructuración podía ir más allá, con una posible reducción de hasta 100.000 empleos alrededor de todo el mundo, a lo que había que sumar el cierre de cuatro fábricas en suelo alemán.
