Sin embargo, antes de exigir más recursos, convendría responder a una pregunta básica: ¿hemos sido capaces de gestionar eficazmente los que ya nos han llegado?
España ha recibido una cantidad histórica de dinero procedente de la Unión Europea para afrontar la recuperación económica, impulsar la transformación digital y acelerar la transición energética. Pero la realidad es que una parte significativa de esos recursos sigue sin llegar a la economía real con la rapidez prevista. Proyectos retrasados, convocatorias complejas, exceso de burocracia y dificultades administrativas han ralentizado la ejecución de unos fondos que debían actuar como un auténtico motor de crecimiento.
La paradoja es evidente. Mientras administraciones y sectores económicos reclaman nuevos programas de ayudas, muchas empresas, ayuntamientos y particulares siguen denunciando obstáculos para acceder a las partidas ya aprobadas. El problema no parece ser la falta de dinero, sino la capacidad para gestionarlo.
En cualquier organización, pública o privada, la eficacia en el uso de los recursos es la condición previa para solicitar más. Ningún gestor responsable pediría una ampliación de presupuesto sin haber demostrado primero que ha aprovechado correctamente el disponible. Lo contrario transmite la sensación de que el debate gira más en torno al volumen de fondos que a los resultados obtenidos.
Además, cada euro procedente de Bruselas no es dinero caído del cielo. Son recursos financiados por los contribuyentes europeos y respaldados por deuda común que algún día deberá amortizarse. Por eso, la cuestión relevante no es cuánto dinero llega, sino qué impacto real genera sobre la productividad, el empleo, la innovación o la competitividad.
La verdadera prioridad debería ser acelerar la ejecución, evaluar los resultados y corregir los fallos de gestión. Solo después tendría sentido abrir el debate sobre nuevas ayudas. Porque pedir más recursos cuando todavía no se han aprovechado plenamente los existentes corre el riesgo de convertir una oportunidad histórica en un simple ejercicio de propaganda presupuestaria.
Antes de reclamar otro cheque, la obligación de cualquier gobierno es demostrar que ha sabido utilizar el anterior.
