La creciente divergencia regulatoria entre Europa y Estados Unidos está ampliando la brecha competitiva entre ambos sistemas financieros. Así lo concluye el informe Bank Deregulation Primer, que advierte de que el endurecimiento de los requisitos de capital en la Unión Europea podría reducir en 1,3 billones de euros la capacidad de balance de la banca europea, limitando su capacidad para financiar la economía y competir con sus homólogos estadounidenses.
El análisis compara la evolución de la regulación bancaria en Estados Unidos, la Unión Europea, Reino Unido y Suiza y concluye que, tras años de convergencia regulatoria después de la crisis financiera de 2008, las principales jurisdicciones están siguiendo estrategias cada vez más diferenciadas. Mientras Estados Unidos avanza hacia una flexibilización de parte del marco regulatorio y Reino Unido apunta en la misma dirección, Europa mantiene un enfoque más exigente en materia de capital, con la implementación de CRR3 y los estándares finales de Basilea III.
Según el informe, la aplicación de CRR3 incrementará en 109 puntos básicos las necesidades de capital de los grandes bancos europeos analizados. En concreto, los siete mayores bancos europeos incluidos en el estudio deberán incorporar alrededor de 39.000 millones de euros de capital adicional para cumplir con las nuevas exigencias regulatorias, lo que reducirá su capacidad para expandir el crédito y desarrollar nuevas oportunidades de negocio.
En contraste, el informe estima que las medidas de desregulación impulsadas en Estados Unidos podrían liberar alrededor de 160 puntos básicos de capital CET1 y 113 puntos básicos en requisitos de apalancamiento. Esto supondría aproximadamente 2,5 billones de dólares de capacidad adicional para financiar empresas y hogares, impulsar la actividad en los mercados de capitales y mejorar la rentabilidad de las entidades. En Reino Unido, la revisión regulatoria podría liberar unos 75 puntos básicos de CET1 y generar hasta 400.000 millones de dólares adicionales de capacidad de balance.
A&M señala que esta evolución regulatoria ya empieza a reflejarse en indicadores como la capacidad de crecimiento, la rentabilidad y el atractivo para los inversores. A medida que Europa refuerza las exigencias prudenciales, las entidades se enfrentan a mayores limitaciones para utilizar su balance de forma productiva, lo que puede traducirse en una menor capacidad para conceder crédito y acompañar las necesidades de financiación de empresas y hogares. Frente a ello, el enfoque regulatorio más flexible en Estados Unidos da a sus entidades una mayor capacidad para crecer, aumentar su rentabilidad y ganar cuota en actividades intensivas en balance, como la financiación corporativa o los mercados de capitales. El informe estima, de hecho, un aumento del 6% en el ROTCE (rentabilidad sobre el capital tangible) de los grandes bancos estadounidenses para finales de 2027.
La diferencia entre ambos modelos regulatorios podría ensancharse en los próximos años si Europa y Estados Unidos mantienen sus respectivas hojas de ruta. En ese escenario, la brecha competitiva entre ambos sistemas financieros podría seguir creciendo, con implicaciones no solo para la banca, sino también para la capacidad de financiación de la economía europea.
El informe concluye que la regulación se ha convertido en un factor estructural de competitividad para el sector bancario internacional. La forma en que cada jurisdicción equilibre crecimiento, resiliencia y eficiencia será determinante para definir la posición relativa de sus entidades en los próximos años.
