Si estas previsiones son acertadas, es probable que los futuros del crudo Brent con vencimiento más próximo oscilen entre los 70 y los 100 dólares por barril en los próximos meses, mientras que los precios de los productos refinados seguirán escalando cada vez más a medida que los ataques ucranianos contra la capacidad de refino rusa sigan mermando el suministro mundial, más allá de los efectos de la guerra de Irán,
Los efectos sobre la economía mundial serán claramente negativos, pero el impacto se limitará a un aumento de la inflación y a un menor crecimiento del PIB, sin llegar a ser lo suficientemente grave como para provocar una recesión. Es muy posible, por lo tanto, que los mercados de renta variable asuman el conflicto con calma, pero los mercados de deuda se verán cada vez más inquietados por las implicaciones fiscales de un conflicto prolongado.
Mientras tanto, la deuda federal pendiente de EEUU superó la semana pasada los 40 billones de dólares, con una deuda en manos del público de 32,3 billones de dólares, y la Oficina Presupuestaria del Congreso (CBO) revisó al alza en 900.000 millones de dólares sus previsiones de déficit para la próxima década debido a la rebaja de sus estimaciones de ingresos por aranceles. Así las cosas, es probable que los déficits de EEUU superen el 6% del PIB cada año durante la próxima década, y estima que la deuda estadounidense en manos del público podría alcanzar entre el 130% y el 140% del PIB en 2036. Incluso, siendo optimista, podría ser que EEUU pasará una década completa sin recesión. Si la hubiera, el déficit podría superar fácilmente el 10% del PIB en un periodo en el que el crecimiento del PIB nominal se desplomara hasta niveles más cercanos al 2%. Ese es el escenario que los inversores en bonos del Tesoro estadounidense deben tener cada vez más en cuenta, ya que los políticos de Washington D. C. no muestran ningún interés por llevar a cabo reformas fiscales serias.
Por otro lado, las actas de la reunión del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) celebrada el 29 de julio, que se publicaron el pasado miércoles, apuntaron a un giro más restrictivo en la política monetaria. Pero hay que tener en cuenta que dicha reunión tuvo lugar antes de que informe de empleo de julio, que resultó más débil de lo esperado, frenara las expectativas de subidas de tipos. En este contexto, el FOMC se verá obligado a actuar con un alza de tipos antes de que acabe 2026, dado que la inflación lleva más de cinco años superando el objetivo del 2% de la Fed, en un ambiente de pleno empleo y con un mercado de bonos que cuestiona la credibilidad de la Fed a la hora de combatir la inflación.
Asil AS cosas es probable que el encarecimiento del precio oficial del dinero se produzca en octubre que en septiembre. Para entonces, el FOMC habrá recibido dos informes más sobre la inflación y el empleo, y si la guerra con Irán continúa como esperamos, probablemente será difícil ignorar los efectos generalizados del aumento de los precios de los alimentos y la energía.
Este miércoles se conocerá la tasa de inflación subyacente del PCE, el principal indicador que utiliza la Fed para evaluar el cumplimiento de su objetivo del 2%. Pero más allá de las cifras de inflación, que es poco probable que deparen sorpresas notables, habrá que vigilar el nivel de la tasa de ahorro de los hogares estadounidenses, que ha descendido hasta el 2,7% de la renta personal disponible, el nivel más bajo desde mediados de 2022, y no sería de extrañar que siguiera bajando en las cifras de julio. La caída de la tasa de ahorro refleja los retos a los que se enfrenta la mitad inferior del espectro de rentas en EEUU, donde los hogares dependen de los ingresos salariales, más que de la revalorización del capital, para financiar su consumo.
Los datos macroeconómicos del gigante asiático correspondientes a julio fueron débiles en todos los ámbitos. El único dato positivo siguió siendo la producción de automóviles, que aumentó alrededor de un 30% interanual, a pesar de que las ventas de automóviles en el país cayeron alrededor de un 17 % interanual. A falta de reformas estructurales que establezcan un suelo para el mercado inmobiliario y estimulen de forma sostenible la demanda interna mediante una red de seguridad social más sólida, China seguirá dependiendo de manera desproporcionada de las exportaciones para impulsar el crecimiento.
La evolución de la inflación en las grandes economías continúa captando la atención de los mercados. El IPC de Japón en julio se ajustó a las expectativas del consenso y Temple espera que, dados los continuos aumentos salariales en el país, se sitúe en torno al 2% en el futuro previsible. Sin embargo, las decisiones de política monetaria destinadas a respaldar el valor del yen podrían alterar las perspectivas de la inflación importada.. Así, las expectativas del mercado respecto a las subidas de tipos del Banco de Japón han aumentado significativamente, y se prevé un endurecimiento de 39 puntos básicos para finales de año.
La inflación general y la del IPC de servicios del Reino Unido del mes pasado también cumplieron con lo esperado, pero la inflación subyacentesuperó ligeramente el consenso. A pesar de la tasa de inflación de los servicios ligeramente superior en julio, los mercados siguen siendo optimistas y creen que el Banco de Inglaterra no subirá los tipos en respuesta a la crisis energética provocada por la guerra de Irán.
Tras la publicación la semana pasada de unos índices de gestores de compras de los mercados desarrollados dispares se prevé una mejora de las cifras del PMI en la zona del euro hasta 2027, ya que el aumento del gasto militar impulsará la industria manufacturera, y considera más probable que los PMI de los servicios a nivel mundial se vean condicionados por el desenlace de la guerra con Irán. Dada nuestra previsión de que se mantenga un conflicto latente, parece poco probable que asistamos a un repunte a corto plazo de la confianza de los consumidores y de la actividad en el sector de los servicios.
