El Tesoro estadounidense a 30 años superó ayer el 5,33%, máximo de diecinueve años. El Bund alemán a diez años está en el 3,25%, máximos desde marzo de 2011. El japonés roza el 3%, algo inédito en treinta años. Y el español cerró en el 3,71%, pegado a máximos de 52 semanas pese a que nuestra fotografía fiscal ha mejorado, con la deuda en el 100,2% del PIB y un déficit que cerró 2025 en el 2,4%. España paga más aunque haga los deberes, porque el precio del dinero se fija fuera.
Se acabó el dinero gratis y el capital vuelve a tener precio. Para la bolsa la ecuación se complica, porque cuanto más renta un bono soberano más tiene que ofrecer la renta variable para compensar el riesgo, y cuanto más lejanos son los beneficios de una compañía, menos valen hoy.
La explicación está en el volumen de deuda que hay que colocar en el mercado. Estados Unidos va camino de los 40 billones de dólares de deuda con un déficit del 5,8% del PIB, y la Comisión Europea avisa de que el de la zona euro se ensancha hasta el 3,6% en 2027. La novedad es que los Estados ya no compiten solos por ese ahorro. Amazon, Alphabet, Microsoft, Meta y Oracle cerrarán 2026 emitiendo unos 250.000 millones de dólares en bonos y 2027 en 400.000 millones, según Goldman Sachs, para financiar la inteligencia artificial. En Europa el rearme se llevó más de 380.000 millones de euros en 2025. Ahí está el talón de Aquiles del sector tecnológico, ayer el peor de la bolsa europea con una caída del 1,8%.
Los bancos centrales ya se están cubriendo. Compraron 289 toneladas de oro en el segundo trimestre, un récord, y lo hicieron mientras el precio corregía. El metal ronda hoy los 4.355 dólares por onza. Cuando el tenedor de reservas duda de la sostenibilidad del emisor del activo de reserva, se pasa a algo que no tiene riesgo de contraparte.
La señal más preocupante es que los tipos largos suben mientras el mercado recorta su apuesta sobre la Fed de dos subidas a una para lo que resta de año. En Europa ocurre lo contrario, con más de un 90% de probabilidad de subida del BCE en septiembre. El problema ya no está solo en los bancos centrales. Empujan en la misma dirección los déficits, la inflación, el Brent cerca de los 90 dólares, la factura de la inteligencia artificial y el rearme. Durante quince años la caída de los tipos ha empujado todos los activos hacia arriba. Si esa dinámica se invierte de forma duradera, la bolsa tendrá que aprender a subir sin su mejor aliado. Y para los valores tecnológicos más caros, la factura puede ser especialmente alta.»
