Sin embargo, esta imagen positiva convive con importantes diferencias entre familias.
Aunque el euríbor continúa encareciendo las hipotecas variables, su efecto es cada vez más limitado. La mayoría de las nuevas hipotecas se firman a tipo fijo y el endeudamiento de los hogares se encuentra en uno de sus niveles más bajos de las últimas décadas. Por ello, el aumento de los tipos no afecta de la misma forma a todas las familias.
La creación de empleo y el crecimiento de la renta han permitido mantener la capacidad de gasto. Los hogares disponen de más ingresos y siguen contando con una tasa de ahorro significativa, además de un importante patrimonio financiero respaldado por depósitos, fondos de inversión y otros activos.
Esta posición explica que muchas familias sigan consumiendo, viajando o realizando compras relevantes pese al encarecimiento de la financiación y del coste de la vida.
Sin embargo, los datos muestran que el consumo no crece al mismo ritmo que sugieren las calles. El gasto en restaurantes, alojamiento y viajes de los residentes se ha moderado, mientras que el comercio minorista registra avances limitados.
Además, parte de la actividad visible en bares, hoteles y comercios procede del turismo internacional. Solo en junio, millones de visitantes extranjeros contribuyeron de forma decisiva al gasto y a la actividad económica.
La principal diferencia está entre hogares. Las familias con vivienda pagada, hipoteca fija, empleo estable o patrimonio financiero afrontan mejor el actual contexto. En cambio, quienes viven de alquiler, soportan hipotecas variables o destinan gran parte de sus ingresos a vivienda y alimentación sufren una presión mucho mayor.
Por eso, aunque aeropuertos, terrazas y la bolsa reflejen dinamismo, no representan la situación de todos los españoles. Detrás de esa imagen conviven hogares con capacidad de gasto y otros para los que el aumento de precios sigue condicionando seriamente su economía.
