Durante el XI Foro Energía de elEconomista.es, defendió la necesidad de transformarlo en una herramienta de ejecución y seguimiento de las inversiones necesarias para la transición energética.
Según Reynés, el PNIEC nació para fijar objetivos, pero ahora debe centrarse en garantizar su cumplimiento. A su juicio, la transición energética no puede limitarse a establecer metas, sino que exige una gestión eficaz de su implantación.
El directivo identificó cuatro grandes retos para el sector: una planificación actualizada, estabilidad regulatoria, simplificación administrativa y una mejor gestión de la creciente presencia de energías renovables. En este sentido, subrayó que las inversiones energéticas son de largo plazo y requieren marcos normativos estables y atractivos para evitar que el capital se dirija a otros mercados.
Reynés también señaló que la burocracia sigue siendo uno de los principales obstáculos para nuevos proyectos. Aunque destacó que España cuenta con recursos naturales, talento y capacidad empresarial para liderar la transición, advirtió de que los procesos administrativos continúan frenando muchas inversiones.
Respecto a las renovables, reafirmó que serán la base del sistema energético futuro, pero recordó que su desarrollo exige más almacenamiento, capacidad de respaldo, digitalización de redes y una mayor flexibilidad operativa. Todo ello, insistió, sin comprometer la seguridad del suministro.
Finalmente, alertó de que la incertidumbre geopolítica y económica puede poner en riesgo inversiones aún necesarias para completar la transformación energética. Pese a ello, se mostró optimista sobre las oportunidades del sector y reclamó una acción coordinada basada en estabilidad regulatoria, agilidad administrativa, planificación eficaz y neutralidad tecnológica.
