El informe distingue entre el «China shock 1.0», centrado en sectores de mano de obra intensiva como textil, calzado o muebles, y el actual «China shock 2.0», en el que China compite en actividades de mayor valor añadido como maquinaria, electrónica, química, metales, baterías y automóvil, coincidiendo cada vez más con el núcleo industrial europeo. Además, el reto ya no se limita a las importaciones, sino que incluye el creciente peso de las inversiones productivas chinas en la UE.
Mayor competencia industrial y diferente exposición
China alcanzó en 2025 un superávit comercial récord de 1,19 billones de dólares y ha reforzado su liderazgo en sectores industriales avanzados. Mientras gana cuota de mercado en países como Estados Unidos, Reino Unido, Japón o Brasil, Alemania la pierde en gran parte de esos destinos.
El estudio atribuye este avance a factores como el aumento de la capacidad tecnológica china, una intensa política industrial, la dimensión de su mercado interno y el apoyo financiero a la industria. Según el índice elaborado por Fedea, Alemania es el país europeo más expuesto al nuevo shock chino, mientras que España se sitúa en una posición intermedia-baja. En el caso español, la principal vulnerabilidad procede de las importaciones, aunque el mayor peso de los servicios en el comercio exterior actúa como elemento de protección.
Defensa comercial y sobrecapacidad
La UE ha reforzado notablemente sus medidas de defensa comercial frente a China mediante instrumentos antidumping, antisubvenciones y nuevas herramientas regulatorias. El informe reconoce que parte del éxito chino responde a mejoras reales de productividad, pero advierte de que también existen distorsiones derivadas del apoyo público masivo a determinados sectores.
Por ello, recomienda utilizar con prudencia las herramientas de protección comercial, evaluando primero su eficacia antes de ampliarlas a nuevos sectores. Además, subraya que los aranceles no sustituyen las reformas necesarias para mejorar la competitividad europea.
Dependencias estratégicas y riesgo de represalias
El estudio señala que cualquier medida comercial contra China debe tener en cuenta posibles represalias selectivas. España, por ejemplo, mantiene una importante exposición en sectores como el porcino. Asimismo, Europa sigue dependiendo de China para materias primas críticas y tierras raras, esenciales para numerosas industrias.
Ante esta situación, Fedea propone evaluar previamente las vulnerabilidades y desarrollar mecanismos europeos de solidaridad para compensar a los países más afectados. La prioridad no debe ser la autosuficiencia, sino la diversificación de suministros estratégicos.
Inversión china en España
La inversión directa china en Europa alcanzó 16.800 millones de euros en 2025, especialmente en baterías y vehículo eléctrico. España se ha convertido en un destino relevante, con proyectos y operaciones valorados en unos 14.500 millones desde 2019, aunque gran parte de esas inversiones aún no se han materializado.
El estudio recomienda mantener una política abierta a la inversión extranjera, pero sometida a criterios claros: generación de valor añadido, arraigo productivo, cumplimiento efectivo de los compromisos adquiridos y evaluación de posibles riesgos estratégicos.
Conclusión
Fedea rechaza plantear el debate en términos de aceptación o rechazo de China. La clave, sostiene el informe, es aplicar cada instrumento al problema que pretende resolver: protegerse frente a distorsiones comerciales cuando sea necesario, reducir dependencias estratégicas y evaluar las inversiones por su impacto real. Para España, lo importante no es el volumen de inversión anunciado, sino cuánto se ejecuta finalmente, qué capacidad productiva permanece en el país y qué nuevas dependencias puede generar.

