La infraestructura es clave para Riad, ya que permite transportar crudo desde el golfo Pérsico hasta el mar Rojo sin pasar por el estrecho de Ormuz y tiene capacidad para mover hasta siete millones de barriles diarios.
La decisión llega en un momento de máxima tensión regional. Los hutíes, aliados de Irán, han reforzado su posición en Yemen tras hacerse con el control de la isla de Perim, situada en el estratégico estrecho de Bab el Mandeb, por donde transita cerca del 9% del petróleo transportado por mar en el mundo. Este avance se suma a la toma de la ciudad portuaria de Moca.
El cierre del oleoducto supone un revés para Arabia Saudí, cuya principal vía alternativa de exportación queda ahora comprometida. La situación también reabre el debate sobre la eficacia de los proyectos diseñados para reducir la dependencia de Ormuz.
Aunque Estados Unidos y varios países de la región impulsan nuevas rutas energéticas, los expertos recuerdan que estos oleoductos requieren fuertes inversiones y siguen siendo vulnerables a ataques con drones y misiles.
La escalada de tensión ha contribuido además al encarecimiento del petróleo, que esta semana ha superado los 100 dólares por barril, mientras crece la preocupación por el control de dos de los principales corredores marítimos del comercio energético mundial.

