El descenso supera además las caídas registradas en el conjunto de la Unión Europea (-0,4%) y de la zona euro (-0,6%).
El retroceso coincide con un repunte de la inflación. Los precios aumentaron un 3,6% interanual en julio y se aceleraron hasta el 4,3% en agosto, impulsados principalmente por el encarecimiento de los carburantes y la vivienda. Esta presión reduce la capacidad de compra de los hogares, especialmente en los productos no esenciales.
La desaceleración ya era visible en España, donde las ventas habían crecido apenas un 0,5% en mayo y un 0,4% en junio. Al tratarse de un indicador medido en volumen, refleja una menor cantidad de productos vendidos y no solo una variación del gasto.
El deterioro afecta sobre todo a los bienes no alimentarios. En la eurozona, las ventas de estos productos descendieron un 1,4% mensual, mientras que las de alimentación, bebidas y tabaco avanzaron un 0,4%.
La comparación europea tampoco favorece a España. Mientras Francia creció un 0,9%, Países Bajos avanzó un 0,2% y Portugal se mantuvo estable, España registró una de las mayores caídas. En tasa interanual, las ventas minoristas españolas bajaron un 0,7%, frente al crecimiento del 1% en la UE y del 0,6% en la zona euro, rompiendo la tendencia positiva que había mantenido durante el primer semestre del año.
