Parte de los riesgos previstos ya se han materializado, como el encarecimiento energético y las tensiones en las cadenas de suministro. Aunque el escenario base del Eurosistema contempla una moderación progresiva de los precios de la energía, la evolución del conflicto y su impacto sobre la inflación, las materias primas y la actividad económica siguen siendo inciertos, por lo que se plantean distintos escenarios alternativos.
A corto plazo, los indicadores apuntan a un crecimiento moderado, condicionado por el impacto de los altos precios energéticos sobre la renta de los hogares y la confianza. El consumo privado, motor clave en 2025, se desacelerará notablemente en 2026. No obstante, esta debilidad podría ser transitoria si el conflicto se estabiliza, con una recuperación apoyada en la mejora de los ingresos reales, un mercado laboral resiliente y el aumento del gasto público en infraestructuras, defensa y digitalización.
El crecimiento del PIB se situaría en el 0,8% en 2026, el 1,2% en 2027 y el 1,5% en 2028, con revisiones a la baja en los dos primeros años por el impacto del conflicto. Las exportaciones seguirán limitadas por problemas de competitividad, el tipo de cambio y nuevas barreras comerciales, por lo que la demanda interna continuará siendo el principal motor del crecimiento.
En cuanto a la inflación, se prevé que alcance un máximo cercano al 3,4% en 2026, impulsada por la energía, y que posteriormente se modere hasta situarse alrededor del 2% en 2028. Aunque la inflación energética tenderá a disminuir, su impacto se trasladará gradualmente a los precios no energéticos hasta 2027. En conjunto, la inflación pasará del 3,0% en 2026 al 2,0% en 2028.
Los escenarios alternativos contemplan distintas intensidades del choque energético: en los más adversos, se producirían mayores tensiones inflacionistas y menor crecimiento, mientras que un escenario más favorable, con una estabilización rápida de los precios energéticos, permitiría una inflación más baja y una recuperación más sólida del PIB.
Desde el punto de vista de la economía real, el crecimiento se ha moderado a comienzos de 2026, reflejando el impacto del conflicto. Aun así, se espera una recuperación progresiva basada en la demanda interna. El consumo privado se verá afectado en el corto plazo por la pérdida de poder adquisitivo, pero mejorará con la recuperación salarial. La inversión, tras una etapa de debilidad, se reactivará gracias a la digitalización, el gasto público y los proyectos vinculados a la innovación, mientras que el consumo público seguirá contribuyendo al crecimiento, aunque con menor intensidad.
Las exportaciones permanecerán contenidas por debilidades estructurales, mientras que la inversión y la demanda interna sostendrán la actividad. Por último, el mercado laboral se mantendrá relativamente sólido, con empresas evitando ajustes significativos ante la expectativa de que el impacto del conflicto sea temporal. Se prevé que el desempleo continúe descendiendo gradualmente hasta situarse en torno al 6% en 2028.
