Desconozco el compromiso que en su momento asumieron cuando él sátrapa de la Mareta les convocó a ser ministros de Estado españoles y ellos asumieron el compromiso, pero dudo mucho que les comprometiese a pasar por lo que están pasando o de lo contrario, una persona en sus cabales no habría aceptado. Ver a esa cuadrilla repetir como muñecos de feria las mismas cosas, las mismas estupideces y encima tratar de que el resto de los ciudadanos nos las creamos cuando las televisiones, incluida la suya, han retransmitido en directo la última invasión de España, resulta cuando menos increíble, pero es así y quizá nos lo merecemos.
Pero lo peor de todo es la ceguera intelectual en la que estos señoritos se mueven. El sanchismo no es un sistema eterno, tiene los dias contados y tarde o temprano la verdad saldrá a la luz y todas las barbaridades cometidas por estos señores ocuparán páginas y páginas de la historia reciente. Prestarse al desmontaje de todo un sistema constitucional por servilismo es una de las cosas mas tristes que puede hacer un político y toda esa patulea, no solo asiste Consejo de Ministros, tras consejo a ello, sino que, además, se convierten en cómplices de esa barbaridad.
El otoño que se avecina es el último de un legislatura que nació sin pies ni cabeza y que nos ha llevado a la corrupción mas brutal que se haya conocido, con el presidente, familia y allegados pringados hasta las cejas. De lo que nos espera estos meses nadie sabe nada, pero puede ser de tal calibre que deje chico lo que hasta ahora hemos presenciado.
Habrá que estar atentos, porque el consentimiento de una invasión no es el último capítulo de este desastre y abandonar La Moncloa con un semestre judicial como el que se avecina no es propio de Sánchez.
