La experiencia reciente, sin embargo, apunta a que cuando todo cae a la vez, suele venir la recuperación.
En efecto, marzo ha resultado especialmente complejo para los mercados, con el mayor episodio de sell-off de activos desde 2022, en plena guerra de Ucrania. Tanto la renta fija como la renta variable registraron caídas relevantes en un entorno marcado por la escalada del conflicto en Oriente Medio, que penalizó de forma generalizada a la mayoría de activos. Ni siquiera el oro ejerció su papel habitual como refugio, lo que se tradujo en resultados negativos tanto para carteras conservadoras como más agresivas.
Es evidente que en los últimos años las variaciones conjuntas más negativas del retorno de la renta fija y el de la renta variable suelen convertirse en positivas en fechas posteriores, como se observó en septiembre y noviembre de 2022.
En este contexto, y pese a la ausencia de una resolución clara del conflicto entre Estados Unidos e Irán, la experiencia reciente sugiere que podría producirse una normalización progresiva de los retornos en ambos activos en los próximos meses. La clave seguirá siendo la evolución geopolítica, en particular la rapidez con la que se alcance un acuerdo que permita reabrir el estrecho de Ormuz.
En definitiva, si bien el mundo inversor está viviendo una tormenta desencadenada por la guerra, las experiencias pasadas nos dicen que los mercados son resilientes, sólo queda abierta la pregunta de cuándo saldrá el sol. “
