La reducción de las presiones sobre los precios de la energía ha mitigado el riesgo de efectos de segunda ronda sobre la inflación en la zona euro, y reduce la probabilidad de una respuesta de política monetaria más agresiva por parte del BCE. En este entorno, la deuda pública periférica europea, y los Bonos españoles en particular, emerge como uno de los activos más atractivos dentro de la renta fija global, aunque la fragilidad del acuerdo y la incertidumbre que persiste en los mercados energéticos aconsejan mantener una lectura prudente.
Los mercados siguen descontando aproximadamente una subida adicional de tipos, pero una nueva moderación de las expectativas de inflación podría restar argumentos a nuevos endurecimientos. Este entorno es, en términos generales, favorable para la deuda soberana europea, en particular en los tramos intermedios de la curva. Mantenemos una visión constructiva sobre la deuda periférica, con los bonos españoles y los BTP italianos ofreciendo un carry todavía atractivo. No obstante, la persistente incertidumbre en los mercados energéticos, la fragilidad del alto el fuego y las importantes necesidades de financiación que plantean la transición energética y la inversión en defensa limitan el margen para un repunte sostenido. En este escenario, las estrategias de empinamiento de curva resultan más convincentes que la extensión de duración a largo plazo.
En lo que respecta a los bonos del Tesoro estadounidense, la distensión de las tensiones en Oriente Medio ha reducido el riesgo de una nueva crisis inflacionista, aunque los precios de la energía permanecen muy por encima de los niveles previos al conflicto y la normalización de los mercados de materias primas requerirá tiempo. En este contexto, mantenemos la perspectiva de que la Reserva Federal mantendrá sin cambios los tipos a lo largo de 2026, siempre que el proceso de desinflación no se vea interrumpido por una reanudación de las hostilidades. Las presiones salariales permanecen contenidas y las expectativas de inflación se mantienen ancladas en una horquilla del 2% al 3%, aunque la evolución del conflicto seguirá siendo un factor determinante. Preferimos el tramo de tres a cinco años de la curva, donde la relación entre valoración y prima por plazo resulta más atractiva que en los vencimientos más largos. Una eventual apreciación del dólar podría generar ciertos obstáculos para los mercados internacionales, aunque es poco probable que altere de forma material la política de la Fed ni las perspectivas de los tipos de los treasuries.
En cuanto a la exposición a crédito, la caída de los precios de la energía desde sus máximos de abril y la reducción provisional de la incertidumbre geopolítica han mejorado el entorno de los mercados crediticios. Sin embargo, los diferenciales han revertido en buena medida su ampliación previa y cotizan ahora cerca de la parte más estrecha de sus rangos históricos. En consecuencia, los rendimientos vendrán impulsados principalmente por el carry antes que por una mayor compresión de diferenciales. Mantenemos una ligera sobreponderación en crédito, con preferencia por los segmentos de mayor calidad, en particular la deuda corporativa con grado de inversión del sector financiero, junto con deuda de mercados emergentes en divisa fuerte y activos titulizados de alta calidad. Dentro del segmento de alto rendimiento (High Yield), nos decantamos por los emisores con calificación BB y mantenemos cautela ante los créditos de menor calidad. Los vencimientos intermedios continúan ofreciendo el equilibrio más atractivo entre riesgo y rentabilidad. En un entorno de dispersión creciente entre regiones, sectores y emisores, y con el acuerdo de alto el fuego todavía pendiente de consolidación, la diversificación, la gestión activa y la selección rigurosa de crédito resultan más determinantes que nunca.
