Cada nuevo dato mensual se presenta como una victoria incuestionable, una prueba de fortaleza económica. Pero conviene decirlo claro: más afiliados no significa necesariamente más trabajo, ni mejor empleo, ni más renta para las familias. Confundir afiliación con empleo efectivo es uno de los mayores autoengaños estadísticos del debate público actual.
La afiliación cuenta altas administrativas, no horas trabajadas ni estabilidad real. Y ahí está el truco. El crecimiento del mercado laboral se apoya cada vez más en contratos a tiempo parcial, fijos discontinuos y rotaciones constantes de alta y baja. Personas que figuran como ocupadas aunque solo trabajen unos días al mes, o que pasan largos periodos inactivas sin desaparecer del sistema. El resultado es un titular llamativo y una realidad mucho más frágil.
La proliferación del fijo discontinuo ha convertido la estadística en un espejo deformante. Se venden como indefinidos empleos que son estacionales por definición. El trabajador computa aunque no trabaje; el sistema suma afiliados aunque no sume producción. Es empleo sobre el papel, pero no siempre en la calle ni en la nómina.
A esto se añade el auge del pluriempleo: un mismo trabajador encadena contratos cortos o simultáneos para llegar a fin de mes. Cada contrato engorda la afiliación, pero no crea un nuevo trabajador. Se multiplican las altas sin multiplicar el empleo real.
La estacionalidad explica buena parte del “milagro”. Semana Santa, turismo y servicios vuelven a tirar del dato, mientras la industria y el empleo de mayor valor añadido siguen avanzando con mucha más cautela. El mercado laboral no se fortalece estructuralmente: se atomiza. Más contratos, sí; más estabilidad, no.
Y hay otra variable incómoda que rara vez acompaña al titular del récord: las bajas laborales. Nunca había tantos afiliados que no trabajan porque están de baja. Figuran como ocupados, pero no producen. El sistema los cuenta, la economía no. La productividad por afiliado cae, aunque la estadística sonría.
Nada de esto significa negar la mejora frente al pasado. Significa exigir rigor. Celebrar solo la afiliación es hacer propaganda, no análisis. El empleo que sostiene una economía no es el que hincha registros, sino el que genera horas, salarios y productividad. Mientras no se mida y se discuta eso con la misma intensidad, seguiremos confundiendo cantidad con calidad y números con bienestar.
España no necesita más titulares de récord. Necesita más empleo de verdad.

