Sin embargo, la tasa diaria se ha moderado con respecto al máximo que alcanzó a finales del mes de marzo, lo cual atribuimos directamente a la firma de la tregua entre Estados Unidos e Irán.
No creemos que el BCE vaya a mover ficha en la reunión de hoy. Aunque no se ha resuelto la guerra en Irán todavía, los precios del petróleo y del gas están relativamente bajo control en comparación con los niveles de 2022. Curiosamente, las presiones salariales se están moderando, según una encuesta reciente del BCE, y las expectativas de inflación a largo plazo siguen ancladas en torno al nivel objetivo. Por ello, consideramos que la opción más prudente para el BCE en esta reunión es esperar y ver cómo se desarrollan los acontecimientos en Medio Oriente.
Sin embargo, sí que creemos que es muy posible que se produzca una subida de tipos de interés en junio. La inflación general de la eurozona ya repuntó al 2,6% en marzo y el índice PMI de abril apunta a unas presiones persistentes sobre los precios. Lagarde ya ha hecho saber al mercado recientemente que la eurozona se encuentra entre el escenario base y el adverso contemplados por el BCE en marzo. Ello implicaría, según las asunciones de la propia institución, que la inflación podría superar el 3 % en las próximas mediciones y que existiría un riesgo de contracción económica en los próximos trimestres. Ante un escenario de estanflación como el planteado, en el que empezasen a surgir efectos inflacionarios de segunda ronda, el BCE respondería subiendo los tipos de interés.
Por ello, creemos que en la reunión de hoy Lagarde dejará la puerta abierta a un posible endurecimiento monetario, pero sin anticiparlo explícitamente, y reservándose cierta opcionalidad.
De prolongarse el bloqueo en el estrecho de Ormuz y el tono hawkish que anticipamos para el Banco Central Europeo, creemos que el Euríbor a 12 meses se mantendrá por encima de los niveles previos al conflicto, de forma holgada, en los próximos meses
