El presidente de la compañía ha resistido de momento el envite de la SEPI para intentar relevarle en el cargo después de la reunión que ambas partes mantuvieron el pasado viernes, pero todas las opciones siguen abiertas y el holding público está presionando a los consejeros independientes para que se posicionen de su lado y vota a favor de la destitución de Escribano, algo a lo que hasta ahora se han negado.
Escribano ha llegado a esta situación con el apoyo mayoritario del consejo de Indra. Al respaldo de Amber Capital, el fondo de Joseph Oughourlian, se le suma la confianza de la mayoría de los siete consejeros independientes.
Así que a Moncloa no le quedaba mas remedio que maniobrar para recabar apoyos, con la esperanza de conseguir sumar a alguno de los independientes y decantar la balanza a su favor.
El problema ahora es que la pelea de gallos entre Escribano y de la Rocha preocupa a todo el sector. El Gobierno ha apostado por convertir a la compañía tecnológica en el campeón de defensa nacional, otorgándole el año pasado más de 14.000 millones de euros -casi todo a dedo- del total de 30.000 millones que se repartieron a través de los planes de rearme. Con ese dinero comprometido, el trabajo se acumula para Indra. Tiene que empezar a ganar músculo, a crecer en tamaño y a tractorar a todo el sector, asegurándose de que las pequeñas y medianas empresas pueden participar en los programas militares y que el dinero también les llega.
Y todo eso depende de un hilo que se llama presidente del Gobierno

