Así lo defendió el secretario de Estado de Industria, García Brustenga, durante el Forbes Economic Summit, donde resumió la estrategia con una idea clara: atraer capital extranjero, pero garantizando que genere actividad productiva y conocimiento en el país.
Brustenga destacó que China se ha convertido en un actor clave en sectores como la automoción, especialmente en el vehículo eléctrico, donde sus fabricantes cuentan con una importante ventaja tecnológica. Por ello, considera prioritario que las empresas chinas no se limiten a vender productos en España, sino que inviertan y produzcan localmente.
El Gobierno prevé que esta ola inversora se extienda también a ámbitos como la robótica, las baterías, la construcción industrializada, los componentes industriales y la energía fotovoltaica. Ante este escenario, defiende una relación activa con los inversores para orientar sus proyectos hacia actividades que fortalezcan el tejido productivo nacional.
Brustenga subrayó que no se trata de aceptar cualquier inversión, sino de evaluar su impacto y su encaje con los estándares europeos, especialmente en sectores estratégicos. El objetivo es evitar tanto el aislamiento económico como una apertura que pueda debilitar capacidades industriales clave.
Este debate está ligado a la futura Ley de Aceleración Industrial que prepara la Unión Europea. España apuesta por una posición intermedia: proteger los sectores críticos europeos sin cerrar la puerta a la inversión extranjera ni a las cadenas globales de valor.
En este contexto, el secretario de Estado defendió una política industrial flexible y gradual que permita reforzar la competitividad europea sin provocar tensiones comerciales con socios relevantes como Reino Unido o Corea del Sur.
