Pese a la mejora del mercado laboral tras la Gran Recesión, más de uno de cada cuatro menores vive por debajo del umbral de pobreza y uno de cada tres está en riesgo de pobreza o exclusión social. Un estudio de Fedea, elaborado por José Ignacio Conde-Ruiz y Marialejandra Garay Aguirre, analiza si esta situación se explica por los costes de la crianza o por las características socioeconómicas de las familias. La principal conclusión es que la vulnerabilidad no depende únicamente de tener hijos, sino de factores como la renta, la etapa vital y la estructura familiar.
En 2025, el 28,3% de los menores de 18 años —unos 2,07 millones— residía en hogares bajo el umbral de pobreza, frente al 19,5% del conjunto de la población. Además, la tasa AROPE infantil alcanzó el 33,8%.
La comparación europea refleja la magnitud del problema: en 2024 España registró la tasa AROPE infantil más elevada de la Unión Europea, con un 29,2%, frente al 19,3% de media comunitaria.
Los hogares monoparentales son los más afectados, con una tasa AROPE del 50,3%, una pobreza monetaria del 41,2% y niveles de carencia material y social severa cercanos al 19,4%. La vulnerabilidad es especialmente alta entre los hogares jóvenes, donde alcanza el 26,2% cuando la persona de referencia tiene menos de 30 años.
El análisis muestra que la presencia de menores incrementa, de media, en 1,15 puntos porcentuales la probabilidad de sufrir carencia material y social severa. Sin embargo, este efecto es mucho mayor en los hogares jóvenes: aumenta 7,26 puntos entre los menores de 30 años, frente a 0,71 puntos en los hogares de 30 a 44 años y 1,16 puntos en los de mayor edad.
Asimismo, los hogares con hijos presentan una brecha de carencia material y social severa de 2,59 puntos respecto a los que no tienen menores. Un 42,6% de esa diferencia se explica por factores observables como ingresos, empleo, educación o edad, mientras que el 57,4% restante podría estar relacionado con costes y necesidades específicas asociadas a la crianza.
El estudio concluye que la elevada pobreza infantil en España no puede atribuirse únicamente a tener hijos. La vulnerabilidad se intensifica cuando la crianza coincide con bajos niveles de ahorro, trayectorias laborales poco consolidadas o la ausencia de un segundo adulto en el hogar. Por ello, recomienda complementar las políticas universales de apoyo a la infancia con medidas específicas para hogares jóvenes y monoparentales, reforzando la protección de ingresos, la conciliación y la igualdad de oportunidades.
