Ahora prevé un crecimiento del PIB del 0,9% en 2026 y del 1,2% en 2027, cinco y dos décimas menos, respectivamente, que antes del conflicto.
Según el organismo, el deterioro de las perspectivas responde a la menor confianza, el endurecimiento de las condiciones financieras y las presiones inflacionistas derivadas de la crisis. Aunque la eurozona inició 2026 desde una posición sólida, las tensiones en el suministro energético han elevado la inflación y frenado la actividad económica.
El FMI advierte además de riesgos adicionales, como una recuperación más lenta del mercado energético, una escalada de la guerra en Ucrania o nuevas incertidumbres comerciales, factores que podrían lastrar aún más el crecimiento. También alerta de mayores riesgos para la estabilidad financiera.
Ante este escenario, recomienda una respuesta política equilibrada que combine medidas para contener la inflación y proteger la actividad económica con reformas estructurales que refuercen la seguridad energética, la resiliencia y el crecimiento potencial. Asimismo, defiende una política monetaria basada en datos y una comunicación clara por parte de los bancos centrales para gestionar la incertidumbre. Finalmente, valora los esfuerzos de la UE por diversificar el comercio y fortalecer un sistema comercial abierto.
