Aunque el aumento es el mayor entre los países que más gastan, el esfuerzo español equivale al 2,1% del PIB, todavía lejos del objetivo del 5% impulsado por la OTAN. Este fuerte crecimiento reabre el debate sobre el posible impacto en el gasto social, como sanidad, educación o pensiones.
El aumento del gasto en España se enmarca en el rearme generalizado de la Unión Europea, motivado por un contexto geopolítico cada vez más tenso y por la necesidad de reducir la dependencia militar de Estados Unidos. Desde 2020, el gasto en defensa de la UE ha crecido de forma constante, con incrementos especialmente intensos en los últimos años. Alemania se presenta como el caso más representativo de este cambio de prioridades, al combinar una fuerte subida del gasto militar con recortes en partidas sociales, especialmente en el sistema sanitario. Otros países como Polonia, Francia e Italia también han reforzado notablemente sus presupuestos de defensa, aunque con diferentes estrategias y dificultades fiscales.
A nivel mundial, Estados Unidos continúa liderando el gasto militar en términos absolutos, seguido de China y Rusia, mientras Ucrania destaca por destinar una proporción excepcionalmente alta de su PIB a defensa debido a la guerra. En el caso de España, el principal dilema es cómo aumentar el gasto militar sin erosionar el Estado del bienestar, en un contexto de elevado gasto social, deuda pública y fuerte división política. El artículo concluye que Europa atraviesa un cambio de paradigma: la seguridad vuelve a ser prioritaria, pero su financiación amenaza con tensar el modelo social construido tras la Guerra Fría, especialmente en los países del sur.
