Villány, cerca de la frontera con Croacia, es la gran referencia de los vinos tintos húngaros. Sus viñedos producen variedades como Cabernet Franc y Merlot, y en otoño la región celebra festivales dedicados al vino. Muy cerca se encuentran la histórica ciudad de Pécs, la fortaleza medieval de Siklós y las aguas termales de Harkány.
En la orilla norte del lago Balaton, los viñedos crecen sobre antiguos volcanes, dando origen a reconocidos vinos blancos. La zona combina enoturismo con enclaves como la abadía de Tihany, el palacio barroco de Festetics en Keszthely y el lago termal de Hévíz.
Al noroeste, junto a Austria, Sopron destaca por sus vinos elaborados con la uva Kékfrankos. La región comparte protagonismo con el lago Fertő, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO, y con atractivos como el casco histórico de Sopron y el palacio Esterházy de Fertőd.
Para quienes visitan Budapest, Etyek ofrece una escapada enológica a solo media hora de la capital. Conocida por sus vinos blancos y espumosos, la localidad celebra en octubre el tradicional Etyek Picnic, uno de los eventos que pone el broche final a la temporada de vendimia.
Estas cuatro regiones reflejan la diversidad vitivinícola de Hungría y convierten el otoño en una de las mejores épocas para descubrir el país a través de sus vinos, paisajes y patrimonio histórico.
