La tensión aumentó tras nuevos ataques estadounidenses contra objetivos iraníes cerca del estrecho de Ormuz y la posterior respuesta de Teherán. Este paso estratégico canaliza cerca del 20% del comercio mundial de petróleo, por lo que cualquier alteración genera inquietud en los mercados. Además, el tráfico marítimo en la zona se ha reducido y persiste el riesgo de nuevas restricciones al transporte energético.
A esta situación se suman otros factores de presión, como la ampliación de la prohibición rusa de exportar diésel hasta finales de septiembre. En paralelo, Estados Unidos busca reforzar la oferta global mediante un acuerdo entre Chevron y Venezuela para aumentar significativamente la producción del país sudamericano.
Los analistas mantienen una visión prudente. Aunque la guerra ha provocado una fuerte escasez de productos refinados y ha elevado los márgenes de refino a niveles récord, algunos expertos creen que la situación podría moderarse a medida que aumente la producción de combustibles y se recuperen los suministros internacionales.
Pese a las tensiones actuales, el mercado confía en que la capacidad de refino disponible y el incremento de la oferta global contribuyan a aliviar gradualmente la presión sobre los precios en los próximos meses.

