Desde esa posición algunos expertos sostienen que la fallida fusión no era tan importante para la empresa catalana. Por ejemplo para Rhombus, esa situación le permite mantener una estrategia selectiva en materia de adquisiciones y fusiones.
El mercado reaccionó con fuerza tras conocerse la ruptura, provocando una caída superior al 13% en la cotización de Puig, el mayor descenso desde su salida a bolsa en 2024. No obstante, la firma especializada en M&A considera que esa reacción responde a una lógica de corto plazo que no necesariamente refleja el valor estratégico de la decisión.
Lejos de cerrar la puerta al crecimiento inorgánico, Puig ha reiterado que mantendrá un enfoque “altamente selectivo y orientado a la creación de valor” en futuras operaciones corporativas. El mercado seguirá atento a los próximos movimientos del grupo y especialmente a los mensajes que puedan trasladarse en la próxima junta general de accionistas.
Para Rhombus, la pregunta relevante ya no es por qué no se cerró esta operación, sino qué tipo de integración sí encajaría con los estándares de control, gobernanza y creación de valor que exige Puig. “La ruptura no debilita a Puig; al contrario, refuerza la percepción de que la compañía sabe exactamente qué está dispuesta a negociar y qué no. En M&A, esa claridad estratégica es uno de los activos más valiosos que puede tener una empresa”, concluye Rams.
