El organismo multilateral anticipa una ligera aceleración del crecimiento global en 2027, hasta el 3,2%, aunque altera de que el impacto de la guerra podría ser mayor si se alarga más de lo esperado. «La economía global seguía una trayectoria de crecimiento constante -en torno al 3,3% en los últimos años- y buscábamos mejorar nuestras proyecciones. La guerra ha frenado ese impulso y ahora proyectamos un crecimiento del 3,1% este año -según nuestro pronóstico de referencia- con una inflación que subirá al 4,4%, una desviación drástica de la tendencia anterior. El impacto económico dependerá de la duración y la magnitud del conflicto y podría ser peor», asegura el economista jefe del FMI, Pierre-Olivier Gourinchas.
El organismo prevé que España lidere el crecimiento en la eurozona, con un aumento del PIB del 2,1% este año y del 1,8% en 2027, mientras que para el conjunto de la zona euro anticipa subidas del 1,1% en 2026 y del 1,2% el próximo curso.
En lo que respecta al resto de territorios, el organismo asegura que la disparidad en los resultados entre países «es notable», ya que «la región de Oriente Medio y Norte de África se enfrenta a una revisión del crecimiento acumulado de casi tres puntos porcentuales para 2026, mientras que las economías avanzadas experimentan efectos comparativamente moderado».
«Los riesgos se inclinan claramente a la baja, incluyendo una mayor escalada de la guerra, nuevas tensiones comerciales o una reevaluación de la rentabilidad de las inversiones en IA. Por otro lado, una pronta resolución de la guerra, las ganancias de productividad derivadas de una adopción más rápida de la IA o la disminución de las tensiones comerciales podrían impulsar la economía global», agrega Gourinchas. Además, considera que «los bancos centrales deben comunicar claramente su disposición a actuar si es necesario», aunque apunta que «si el conflicto es breve y las expectativas de inflación se mantienen estables, pueden permitirse esperar y evaluar la situación».
«Con muy poco margen de maniobra, la política fiscal debe actuar con prudencia. Cualquier apoyo fiscal debe dirigirse a los más vulnerables y ser temporal, con cláusulas de caducidad claras. Es fundamental que la política fiscal no complique la labor de los bancos centrales. Más allá de las medidas inmediatas para contener la crisis, los países también deberían aprovechar esta oportunidad para invertir en seguridad energética mediante la inversión en energías renovables», concluye.
