España cerró el 2025 con unas cifras de absentismo laboral verdaderamente preocupantes. La tasa alcanzó el 7,6 % de las horas pactadas, el máximo histórico, y el coste total para la economía se disparó hasta los 59.109 millones de euros, un 11,7 % más que el año anterior. En el primer trimestre de 2026, de acuerdo con los datos proporcionados por Adecco en su «XV Informe Adecco sobre Absentismo Laboral», la cifra se mantiene prácticamente igual con el 7,6 % aunque presentando a nivel trimestral un ligero incremento interanual.
Este elemento, de acuerdo con el informe, ya se trata de algo endémico del sistema laboral español, que muestra una tendencia complicada tanto con respecto a las prestaciones sociales, la rentabilidad de las empresas y también los incentivos y salud mental y física de las plantillas.
Las cifras son llamativas, y es que se calcula que el absentismo laboral presenta unos costes medios anuales para la economía de cerca de 59.109 millones de euros según los datos de 2025. El volumen bruto del coste del absentismo representaría cerca del 3,7 % del PIB. En el mapa autonómico, Cataluña (11.557 millones), Madrid (10.290 millones) y Andalucía (7.410 millones) acaparan la mayor parte del desembolso. No es casualidad: estas tres comunidades son también las que más empleo generan en España. La tendencia se mantiene firme en el arranque de 2026.
Otras comunidades también presentan cifras relevantes. La Comunidad Valenciana alcanza los 5.424 millones de euros, mientras que Galicia y el País Vasco superan los 3.200 y 4.000 millones respectivamente. En el caso de Canarias, el coste se sitúa en 2.963 millones. Aunque comunidades más pequeñas como Cantabria tienen un volumen de empleo menor, su tasa de absentismo (cercana al 9,6%) genera un impacto relativo muy elevado sobre sus economías regionales.
De hecho, según el informe, aquellos sectores que requieren más trabajo físico acumulan la mayoría del volumen de este absentismo. Mientras en correos o servicios de limpieza superan ampliamente el 12%, en consultorías, informática o actividades jurídicas las tasas se quedan muy por debajo del 4%.
Por sectores, los servicios concentran el mayor impacto económico, con 45.096,1 millones de euros en 2025 (+13,12% interanual), seguidos de la industria, con 11.087,9 millones (+16,21%), y la construcción, con 2.924,6 millones (+11,04%).
Pese a lo impactante de las cifras, el informe de Adecco así como otros publicados recientemente tratan de analizar por qué se produce esta situación y, sobre todo, cómo conseguir frenarla. Y es que según el XV Informe Adecco, los trastornos mentales son ya la segunda causa de incapacidad temporal por número de episodios y la primera por duración media, con un aumento del 111 % en cinco años. Esta tendencia se confirma en otros análisis. El Observatorio de Contingencias Comunes de Asepeyo indica que en las grandes empresas las bajas por salud mental concentraron el 37 % de los días de incapacidad en 2025, representando el 15,7 % del total de procesos y subiendo un punto cada año. La duración media de las bajas en general alcanza los 39,7 días, frente a los 26 días de antes de la pandemia.
Y es que el informe de Adecco dedica una parte importante de su extensión a tratar de analizar este suceso, ya que no sólo explica en parte el absentismo, sino también una bajada en el rendimiento laboral derivado del fenómeno del «Burnout», es decir, cuando la carga de trabajo o el ambiente laboral generan un estrés crónico que causa una bajada de la productividad y un empeoramiento de la salud. Esto mismo era remarcado a finales de 2025 por InfoJobs, que explicaba que casi el 85 % de las bajas por motivos psicológicos tienen su origen en el entorno laboral. Es decir, que las empresas deben volcarse en tratar de entender, comprender y solucionar esta dinámica.
Y es que el informe destaca la importancia de la corresponsabilidad y, sobre todo, de no plantear las soluciones a este problema en base al castigo, sino a acometer la situación de una forma cooperativa y conjunta entre las empresas, el sector público y los trabajadores. La gestión de la salud mental no puede recaer solo en el trabajador ni solo en la empresa. Requiere la colaboración activa de las mutuas, el sistema sanitario y la representación de los trabajadores. En este sentido, valora positivamente herramientas ya disponibles como los protocolos de reincorporación progresiva y la mejor coordinación.
El documento también pone el foco en la prevención y la detección temprana. Recomienda que las empresas traten la salud laboral como una variable estratégica de gestión y no solo como un indicador administrativo. En el caso de la salud mental, esto implica prestar especial atención a los entornos de trabajo híbrido, donde la infradetección de problemas emocionales es mayor, y formar a los mandos intermedios en la identificación de señales de deterioro y destinar los recursos adecuados a los departamentos de recursos humanos para ser capaces de evitar estas problemáticas.
