Desde 2020 ha perdido 1.149 empresas, un 35% del total, según la Asociación Española de Empresas de Componentes para el Calzado (AEC). El tejido empresarial ha pasado de 3.280 a 2.131 compañías, con 195 cierres solo en 2025, tendencia que continúa en 2026.
El impacto se extiende al empleo: en 2025 se destruyeron 3.670 puestos de trabajo, un 10% menos interanual. La crisis golpea especialmente a núcleos tradicionales como Elche y Elda, con casos recientes como el colapso del proveedor Analco o la marca María Jaén.
La desaparición de empresas se concentra en la Comunidad Valenciana (37%) y Castilla-La Mancha (39,7%), con focos relevantes como Almansa. A pesar de exportar 167,7 millones de pares por 3.388 millones de euros en 2025, España apenas representa el 0,3% de la producción mundial. Asia domina el mercado: China concentra el 53,4%, seguida de India (12,6%) y Vietnam (6,5%).
La patronal señala que el sector atraviesa una fase crítica de ajuste, marcada por la presión de costes —energía, materias primas, salarios y financiación—, la falta de relevo generacional y una pérdida de competitividad. A ello se suman la debilidad del consumo y la incertidumbre internacional.
Ante este escenario, AEC reclama un plan industrial urgente con medidas para frenar cierres y empleo, incluyendo mayor flexibilidad laboral y apoyo a pymes en financiación e inversión. También insiste en reducir cargas administrativas y fiscales que afectan a un sector formado mayoritariamente por pequeñas empresas.
Los costes laborales son otro factor clave: en España alcanzan los 15,38 euros por hora, muy por encima de Portugal o Grecia y lejos de Asia y Europa del Este, lo que penaliza la competitividad.
Desde el sector advierten de que no se trata de casos aislados, sino de una cadena de valor en riesgo. El mensaje es claro: sin una respuesta coordinada y urgente, una industria histórica puede seguir perdiendo peso de forma irreversible.
