El estudio señala que un 21% de las empresas admite haber reducido incorporaciones tras las últimas subidas, afectando especialmente a nuevos trabajadores. Además, la cobertura del SMI se ha ampliado con fuerza: quienes perciben hasta su nivel han pasado del 3,5% en 2018 al 12,7% en 2024.
El efecto también se extiende a salarios algo superiores. Hasta un 22,8% de los trabajadores se sitúan cerca del 125% del SMI, lo que refleja su creciente peso en la estructura salarial.
El informe advierte igualmente de posibles presiones inflacionarias. En 2023, con una productividad un 14% inferior a la media europea y un SMI un 10% más alto, la subida habría añadido alrededor de un punto a la inflación.
En el empleo, se observa mayor inestabilidad. La rotación en contratos temporales ha aumentado y la probabilidad de mantener un contrato indefinido tras un año ha caído del 52,5% al 48%.
El impacto es especialmente intenso en microempresas, donde el SMI representa casi el 74% del salario medio, coincidiendo con la pérdida de más de 23.000 negocios y 85.000 afiliados.
Los jóvenes son el colectivo más afectado —casi uno de cada cinco cobra el SMI—, lo que dificulta su acceso al empleo. Además, la sensibilidad del mercado laboral a estas subidas ha aumentado, reflejando un mayor riesgo de que nuevos incrementos agraven estos efectos.
