Pero la imagen que estos chicos, al menos cuatro de ellos han dado esta mañana en la deuda de prensa del Consejo de Ministros es mas que deprimente. Primero porque se nota que no se hablan, así que no sé cómo habrá sido el consejo en sí, pero mucho me temo que salvo saludarse y hacer risas no se ha hablado de nada en concreto y simplemente se ha aprobado lo que no quedaba mas remedio que sacar adelante, y el resto otra vez al cajón.
El caso es que la escena que hemos se ha visto es digna de una película de terror. Sentada a la derecha de la ministra portavoz, la vicepresidenta primera y ministra de Trabajo. Sentado a la izquierda, el ministro de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes. Ella, Díaz, llamando a los españoles a que se movilicen contra la condena a García Ortiz para «defender la democracia» en las calles. Él, Bolaños, dirigiéndose a esos mismos españoles para pedirles que el fallo del Tribunal Supremo «no puede significar que dañemos ni desconfiemos» de las instituciones.
Y lo divertido es que mientas uno permanecía con esa cara de niño que no ha roto nada, ella se iba encendiendo poco a poco. «Las calles no son de ellos, las calles son de la democracia en España» y él frenaba: «Discrepar de una sentencia no es acusar a nadie de nada».
Vicepresidenta y ministro solo convergieron en un punto: en pedir a la sala que ha juzgado al fiscal general del Estado que haga pública la sentencia cuanto antes. Aunque lo hicieron de muy distintas formas. La vicepresidenta de Sumar protestó contra la «anomalía» que, según ella, fue que el alto tribunal emitiera el fallo sin estar redactada aún la sentencia. «Se han equivocado, hay unos principios de funcionamiento que indican que ante una causa tan importante el órgano se ha de respetar a sí mismo y publicar íntegramente la sentencia».
En cambio, el ministro no quiso «conjeturar» sobre los motivos del tribunal enjuiciador para adelantar el fallo y se limitó a señalar que sería «bueno para todos, también para el Tribunal Supremo», que la sentencia se hiciese pública cuanto antes.
Y luego vino lo de Telefonica. En ese caso Bolaños hizo mutis y dejo que la vice se explayase: «no compartimos en absoluto que una empresa que tiene beneficios y está participada con los recursos públicos de los ciudadanos españoles y españolas despida a más de 5.000 trabajadores».
Terminada la comparecencia, eso si, fuentes del Gobierno explicaron que las posturas de uno y otra son «complementarias» y «compatibles»: la una hizo la reivindicación política y hasta ideológica; el otro mantuvo el perfil institucional.
Y así, Sánchez pasa los días en La Moncloa sin que se atisbe alguna opción de cambio, ni tan siquiera de reposición ministerial
