A esto hay que sumarle que los primeros propietarios suelen ‘estirar’ su vida útil hasta los 12,7, de acuerdo con datos ofrecidos por la Asociación Nacional de Vendedores de Vehículos a Motor. Dos circunstancias que generan un caldo de cultivo propicio para una merma de la seguridad en nuestras carreteras derivado, entre otros aspectos, de las circunstancias económicas y la estrategia de electrificación de España. No es una cuestión de gustos, de motorizaciones o de preferencia por lo nuevo, sino de simple evolución, explica Guillermo Magaz, director de la Asociación Española de Entidades Colaboradoras de la Administración en la Inspección Técnica de Vehículos (Aeca-Itv): «Los coches viejos, con más de 10 años, multiplican por dos el riesgo de que en un siniestro haya fallecidos». «El problema es que no llevan los sistemas más nuevos y actualizados y, en caso de accidente, su comportamiento y reacción es peor».
Esta tesitura, según los expertos, obedece a varios factores. Uno de ellos, económico y es que el precio de los automóviles se ha disparado en los últimos años, tal y como explicaba esta misma semana el presidente de la patronal de distribuidores Ganvam, Barea: «Adquirir uno nuevo ahora es un 45% más caro que en 2019».
