La guerra en Irán apunta a una desescalada rápida, pero el impacto en materias primas podría prolongarse y mantener presiones inflacionistas. El mercado ha modificado bruscamente sus expectativas de tipos, pasando de recortes a subidas en Europa y Reino Unido. Desde Lazard advierten que este ajuste es “excesivamente agresivo” y podría revertirse si se normaliza el conflicto. Los primeros indicadores ya reflejan el impacto, con previsión de debilitamiento de los PMI en las principales economías.
Las repercusiones del conflicto en Irán continúan trasladándose en el mercado de materias primas, aunque con matices relevantes en el escenario central. “De cara al futuro, creemos que el escenario más probable sigue siendo una desescalada relativamente rápida con una reapertura gradual del estrecho de Ormuz”, señala Temple, estratega jefe de mercados de Lazard. No obstante, el impacto no será homogéneo. “Hay muchas materias primas que tardarán meses en reanudar la producción a los niveles previos al conflicto, lo que sugiere que el impacto inflacionista de la guerra podría persistir mucho después de que terminen las hostilidades”, advierte.
Bancos centrales: expectativas tensionadas
El conflicto ha provocado un cambio brusco en las expectativas de política monetaria, que Temple considera, en varios casos, excesivo.
En Estados Unidos, tras la decisión del FOMC de mantener los tipos, “los mercados han pasado rápidamente de esperar dos recortes de tipos para finales de año a no anticipar ahora ningún cambio en la política monetaria”. En este contexto, apunta que “los recortes de tipos son innecesarios dada la economía de pleno empleo y la elevada inflación”, aunque introduce un matiz relevante: “cuando la guerra de Irán remita y los precios de la energía empiecen a normalizarse, el mercado volverá a descontar un recorte de 25 puntos básicos para finales de año”.
En la eurozona, el ajuste del mercado ha sido aún más acusado. “Los mercados están descontando ahora subidas de tipos de 75 puntos básicos para finales de año. Creo que esta expectativa es excesivamente agresiva”, afirma. Bajo el escenario central, añade, “es poco probable que el BCE suba los tipos”.
Un patrón similar se observa en Reino Unido. “El cambio en las expectativas de política monetaria ha sido más extremo en el caso del BoE”, explica. “Hace solo unas semanas, el mercado debatía si el BoE recortaría los tipos dos o tres veces en 2026. Ahora los mercados están descontando subidas de unos 85 puntos básicos”. A su juicio, “estas expectativas son excesivamente agresivas” y, a medida que el conflicto remita, “volveremos a debatir recortes en un plazo relativamente corto”.
Japón se mantiene como excepción dentro de los mercados desarrollados. “Coincido con la expectativa del mercado de que el Banco de Japón subirá los tipos en unos 46 puntos básicos antes de fin de año”, apunta, destacando que esta previsión se ha mantenido estable pese al contexto geopolítico.
Actividad económica: primeras señales de impacto
En el corto plazo, el deterioro del entorno comienza a reflejarse en los indicadores adelantados. “Se espera que los índices PMI de los mercados desarrollados se debiliten en la mayoría de los países”, señala. En concreto, anticipa un debilitamiento generalizado en la zona euro, Japón, Reino Unido y Estados Unidos tras el inicio del conflicto.
En conclusión, el mercado se enfrenta a un doble movimiento: un impacto inflacionista más persistente de lo esperado en materias primas y, al mismo tiempo, un ajuste posiblemente excesivo en las expectativas de los bancos centrales. En este contexto, el foco no está solo en la evolución del conflicto, sino en la rapidez con la que el mercado pueda corregir estas expectativas.
