Sin embargo, aunque insiste en la «total normalidad» del conflicto y en la importancia del resultado final, resulta evidente que la negativa de Sumar a participar en la reunión hasta alcanzar un acuerdo previo no puede considerarse un hecho menor. Este tipo de gestos evidencian discrepancias internas que, aunque se presenten como parte del funcionamiento colegiado, ponen de manifiesto la fragilidad de la coalición en momentos críticos.
Lo curioso, además en este caso es que la divergencia de opiniones entre la ministra portavoz del área socialista y la vicepresidente portazos de los “disidentes” se mantienen tal cual. Así,
mientras para la subordinada de Sánchez, no solo no hay discrepancias, sino que ambos corpúsculos tienen objetivos comunes y este Gobierno está trabajando en la misma dirección con resultados importantes y con vocación de seguir dando lo que necesita la gente ahora, que es confianza y medidas,
Para la comunista gallega, la batalla contra el PSOE «fue gruesa». Y no esta terminada. Pero eso si se da cuenta de que no tiene el apoyo socialista porque «aquí se resuelven las próximas elecciones». Para ella «el malestar social que existe no puede estar interpretado por la extrema derecha, lo que tenemos que hacer es salir a ganar el país y darle esperanza a la gente de nuestros barrios»
Estas dos imágenes tan dispares de la realidad de los hechos se tratan de contrarrestar, al menso por la ministra portavoz del área socialista con una defensa a ultranza de las medidas aprobadas, poniendo, además, el énfasis en el escudo social, tratando de proyectar una imagen de Gobierno eficaz y comprometido con la ciudadanía, pero la ministra evita profundizar en el debate sobre el impacto real de estas políticas y en los posibles desacuerdos respecto a su implementación.
El intento de desviar la atención hacia la oposición y la insistencia en el optimismo respecto a la aprobación del real decreto-ley sobre vivienda también pueden interpretarse como estrategias para minimizar el alcance de las diferencias internas y consolidar la narrativa de unidad. En definitiva, aunque las declaraciones buscan tranquilizar a la opinión pública, dejan entrever la existencia de tensiones que podrían afectar la gobernabilidad si no se gestionan adecuadamente.
