El incidente, lejos de ser aislado, se suma a otras tres fisuras recientes detectadas en Tarancón, en Requena y en la Bifurcación de Xàtiva, según ha podido conocer LA RAZÓN. La red de alta velocidad española registra así un nuevo fallo estructural grave en plena investigación sobre el accidente de Adamuz, donde la posible fractura de una soldadura provocó un doble descarrilamiento que le costó la vida a 46 personas.
Los datos internos del gestor ferroviario reflejan la avería bajo el concepto «fisura de cruzamiento», una rotura parcial en lo que se conoce como «corazón de la aguja», la parte de un desvío o cambio de vía donde dos carriles se cruzan físicamente para permitir que el tren cambie de trayectoria, una pieza sometida a elevados esfuerzos mecánicos y considerada crítica para la seguridad de la circulación. Según los informes técnicos, la última fisura detectada se localiza entre Tarancón y Santa Cruz de la Zarza, concretamente entre los puntos kilométricos 117.749 y 117.586, 163 metros que tienen limitada la velocidad.
Aunque Adif ha activado los protocolos habituales tras la detección de la fisura -reducción de la velocidad y reparación los antes posible- fuentes del sector ferroviario apuntan a que este episodio no es un caso aislado. En las últimas semanas se habrían detectado al menos tres incidencias similares en otros puntos de la misma línea de alta velocidad, concretamente también en Tarancón, en el entorno de Requena y en el nudo ferroviario de la bifurcación de Xàtiva. Esta concatenación de fisuras genera inquietud entre los profesionales del sector, que consideran anómalo que se registren averías de este tipo. «No es que sea algo habitual. Habría que ver las condiciones y antigüedad del carril», señalan a LA RAZÓN fuentes del sector.
Según indica Adif, la última incidencia registrada cerca de Tarancón se detectó hace algunas semanas en las revisiones que se hacen en toda la infraestructura y está programada su reparación, que se ejecutará a la mayor brevedad posible, cuando se disponga de los recambios y materiales de vía necesarios para ello. Asimismo, el administrador de la infraestructura ferroviaria señala que la repercusión en el servicio es mínima en cuanto a tiempo de retrasos. En la vía de alta velocidad Madrid-Valencia, Renfe tiene en circulación unos sesenta servicios diarios en su recorrido por la Comunidad Valenciana, treinta por sentido, a los que se añaden los que prestan los operadores privados.
Una fisura de cruzamiento, es, en términos simples, una rotura parcial del carril en la zona del cambio de vía. Estas fisuras suelen aparecer en zonas críticas como soldaduras o elementos de vía complejos por una fatiga del material, que con el tiempo y el uso se desgasta; impactos y vibraciones; defectos en las soldaduras o en el material; o problemas de mantenimiento. Un fallo estructural de estas características puede implicar el descarrilamiento del tren si no se detecta, no se establecen medidas y el tren circula a su velocidad normal establecida. «Lo importante es que se ha detectado y se ha bajado considerablemente la velocidad para establecer un umbral seguro en la circulación», reconocen desde el sector. Pese a esta medida preventiva, advierten de que la fisura debe ser «controlada y reparada lo antes posible», ya que la demora en su reparación puede aumentar el desgaste y el tamaño de la grieta, lo que, en el peor de los casos, puede acabar en rotura completa.
La limitación a 30 km/h impuesta por Adif para contener el avance de la fisura se suma a la oleada de restricciones de velocidad derivada de los avisos de maquinistas tras el accidente de Adamuz por deficiencias de seguridad y riesgos en la red. El aumento de estos avisos ha disparado los tiempos medios de los trayectos, con retrasos por norma en prácticamente todas las líneas de alta velocidad, y reflejo de los problemas estructurales y el caos que atraviesa el sistema ferroviario español desde la llegada de Óscar Puente al Ministerio de Transportes.
