Y decimos periodo porque ya va para larga la estancia de Sánchez en la Moncloa, y todavía no sabemos si estamos ante su. Prácticamente, ultimo año de ejercicio sanchista o gracias a su capacidad de maniobra y compra de voluntades nos esperan otros cuatro años de periodo.
Pero de lo que si estamos seguros es de que una de las principales características del periodo será su negativa a cualquier tipo de relación con el presidente Trump por diferencias tan sustanciales como la imposibilidad de relacionarse, por mas que los intereses de España lo necesiten. Son dos caracteres tan incompatibles que cuando se acercan, el un al otro, saltan chispas y así es imposible incluso que se den la mano.
Y es que estamos ante dos personalidades tan casi iguales que esa misma igualdad les hace incompatibles. El populismo de ambos es de tal potencia que han sido capaces de dividir en dos sus respectivos países hasta el punto de que en ambos o se es del presidente o se es enemigo del presidente, se llame este Trump o Sánchez. Da lo mismo.
Igualmente, son dos trileros empedernidos y juegan con las bolitas de forma y manera que sus oponentes son incapaces de saber no ya lo que van a hacer, sino tan solo por donde van sus pensamientos en este mismísimo instante.
La gran diferencia y eso Sánchez lo lleva muy mal, es que Trump es el presidente, que no primer ministro, del hoy por hoy líder mundial que hace y deshace a su antojo, no ya en su pais, sino en infinidad de territorios, porque para eso es el presidente de los EE UU y su brazo es muy largo, al igual que en su momento lo fue el de España o el de Roma, o el de Londres. Antes se les llama Imperios y ahora lideres mundiales, pero el ejercicio de su poder es el que cuenta y ya podemos decir que ni bases, ni vuelos que los aviones de los EE UU entran y salen con total impunidad y sin poder hacer nada. Eso sí, Robles, Albares y el mismísimo Sánchez pueden patalear, pero eso ya no vale ni para el consumo interior en el que hasta el mas tonto sabe lo que pasa y quien manda.
