El FOMC mostró una mayor preocupación por la inflación, impulsada por la energía y los aranceles, endureciendo las condiciones para retomar las bajadas y reforzando la expectativa de una pausa prolongada en 2026. La reunión estuvo, además, marcada por la despedida de Jerome Powell como presidente, tras un mandato condicionado por sucesivos shocks de oferta y por crecientes tensiones sobre la independencia del banco central.
Puntos clave
• Sin sorpresas, la Reserva Federal mantuvo el tipo de los fed funds en el rango 3,50%-3,75%, valorando la postura actual de política monetaria como «bien posicionada» para responder a riesgos en ambos lados de su mandato dual: estabilidad de precios y máximo empleo. La principal novedad fue un giro hacia un tono más cauto, visible tanto en el comunicado como en la rueda de prensa. Tres miembros del FOMC votaron en contra de mantener el sesgo acomodaticio de la orientación futura (forward guidance); en particular, la referencia a «ajustes adicionales», un lenguaje que, desde el último recorte, podía interpretarse como una señal implícita de futuras bajadas de tipos. En la rueda de prensa, Powell confirmó este cambio de tono al señalar que el número de participantes del FOMC favorables a avanzar hacia una orientación futura más neutral ha aumentado desde marzo, y que el «centro» del comité se está desplazando en esa dirección. Aunque la mayoría optó por no modificar aún el mensaje oficial, dado el elevado grado de incertidumbre por el conflicto en Oriente Próximo, la percepción es que los riesgos empiezan a inclinarse más hacia la inflación que hacia el mercado laboral.
En este contexto, las condiciones para retomar las bajadas de tipos son ahora claramente más exigentes. Por un lado, Powell reiteró que la Fed necesita primero que se disipen los efectos temporales de los aranceles sobre los precios de bienes, un proceso que estima que podría prolongarse durante los próximos dos trimestres. Y, por otro lado, añadió que también será necesario esperar a que se desvanezca el repunte temporal de los precios energéticos. Todo ello refuerza las expectativas que actualmente descuentan los mercados de una Fed en pausa durante el resto del año.
Respecto a la sucesión al frente de la Fed, la nominación de Kevin Warsh fue aprobada por la comisión bancaria del Senado y pasará ahora al pleno, donde se espera su confirmación, lo que permitiría su incorporación antes del final del mandato de Powell el próximo 15 de mayo. La novedad en la despedida fue que Powell, a diferencia de la tradición habitual, permanecerá como gobernador de la Fed hasta que se resuelvan de forma final y transparente los ataques legales contra la institución, que considera una amenaza para su independencia. Durante este periodo, mantendrá un perfil bajo y colaborativo con el nuevo chairman.
Powell culmina un mandato como presidente del FOMC marcado por la gestión de una sucesión excepcional de shocks de oferta (pandemia, guerra en Ucrania, tensiones comerciales vía aranceles y, más recientemente, el conflicto en Oriente Próximo), que han obligado a la Fed a navegar en decisiones especialmente complejas. A lo largo de este periodo, Powell ha buscado construir consensos en un comité enfrentado al difícil equilibrio entre los riesgos para el mercado laboral y una inflación persistentemente elevada. Todo ello, además, en un contexto de crecientes ataques a la independencia del banco central, que han ido más allá del plano retórico y han requerido defensa en los tribunales. La llegada de Kevin Warsh se produce así en un momento clave, en el que será fundamental construir consensos.
Entorno macroeconómico
• La valoración de las condiciones económicas apenas ha cambiado respecto a marzo. La actividad siguió describiéndose como «en expansión a un ritmo sólido», apoyada por la resiliencia del consumo privado y por un dinamismo notable de la inversión, especialmente en centros de datos e infraestructuras. Powell destacó, además, la posición de EE. UU. como exportador neto de energía y su menor dependencia del petróleo como factores que amortiguan parcialmente el impacto del shock energético global.El diagnóstico del mercado laboral también se mantuvo sin grandes variaciones. Powell volvió a calificarlo como cercano al equilibrio, en un contexto de bajas contrataciones y bajos despidos, y se mostró menos preocupado que en reuniones anteriores por un posible deterioro adicional. El tono se endureció, en cambio, en materia de inflación, que pasó a describirse como «elevada», frente al «algo elevada» de reuniones previas. El repunte reciente responde tanto a factores energéticos como al impacto de los aranceles, y el FOMC subrayó que la elevada incertidumbre sobre la duración e intensidad del conflicto en Oriente Próximo añade riesgos al escenario. Powell señaló que cabe esperar mayores precios energéticos –impacto ya observado– y un traslado parcial a algunos bienes y servicios intensivos en energía, mientras que el riesgo de efectos de segunda ronda dependerá en gran medida de la persistencia del shock.De momento no se ha observado una caída del consumo, pero Powell reconoció que el riesgo está presente en la medida en que los hogares se enfrenten a precios energéticos más elevados, lo que podría obligar a recortar gasto en otras categorías. Así, la postura actual de la política monetaria les permite «esperar y ver» cómo evoluciona la economía.
Reacción de los mercados
• Los mercados financieros hicieron una lectura con sesgo restrictivo de la reunión, manteniendo la expectativa de que la Fed no cambiará los tipos durante 2026 y 2027. No obstante, la sesión estuvo dominada por un aumento de los precios del crudo (barril de Brent en torno a los 118 dólares) ante la falta de avances en las negociaciones entre EE. UU. e Irán. Los tipos soberanos repuntaron a lo largo de la curva, de manera más intensa en los tramos más cortos (+11 p. b. la referencia a 2 años), el dólar se apreció ligeramente y los principales índices bursátiles estadounidenses cerraron planos.
