Su inicio de Legislatura era incluso prometedor, pero el paso del tiempo y las sucesivas crisis y escándalos de corrupción de todo tipo no han hecho mas que llevarle a una situación de desgobierno en la que si no compra las voluntades de sus socios estos le abandonan y le dejan a los pies de los caballos una y otra vez-
En ese ambiente y con esos escenarios de crisis prolongada —política, institucional o reputacional— se reabre de forma recurrente el debate sobre la continuidad del presidente del Gobierno. Este debate no se limita a una evaluación personal del liderazgo, sino que tiene implicaciones directas sobre la estabilidad institucional, el marco jurídico y la confianza de los agentes económicos y sociales.
Los defensores de esta opción destacan principalmente:
• La capacidad de la dimisión para descomprimir situaciones de alta tensión.
• El valor simbólico de la asunción de responsabilidades políticas, incluso en ausencia de responsabilidades penales.
• La posibilidad de facilitar una reconfiguración del panorama político y una recuperación de la confianza ciudadana.
Desde esta perspectiva, la dimisión se concibe como una herramienta excepcional para restaurar credibilidad institucional cuando el desgaste del Ejecutivo es percibido como estructural.
En sentido contrario, se identifican varios riesgos:
• Precedente institucional negativo si la dimisión se desvincula de causas jurídicas o parlamentarias.
• Desplazamiento de los mecanismos formales de control democrático.
• Potencial impacto adverso sobre la estabilidad económica, los mercados y la gestión de políticas públicas en curso.
Este enfoque prioriza la continuidad del Ejecutivo mientras conserve respaldo parlamentario suficiente y defiende que la rendición de cuentas debe producirse dentro de los canales establecidos.
El debate no hace mas que reflejar una tensión entre legitimidad política, estabilidad institucional y percepción pública. Cualquier desenlace tiene costes y beneficios, y su evaluación depende en gran medida del contexto, del grado de erosión de la confianza y del impacto esperado sobre la gobernabilidad a corto y medio plazo.
Y muy a pesar de los que adoptan una u otra posición la realidad parece apuntar que estamos ante un debate estéril, pues según confeso el mismo Sánchez hace menos de 24 horas esta dispuesta a gobernar otros ocho años mas.

