Las informaciones sobre este virus se han multiplicado rápidamente y muchas personas han comenzado a compararlo con enfermedades respiratorias como la gripe o el covid. Sin embargo, los especialistas insisten en que el hantavirus tiene un comportamiento completamente diferente y que gran parte del alarmismo generado en los últimos días parte de una idea equivocada sobre cómo se produce realmente el contagio. “El hantavirus no es un virus que típicamente vaya pasando fácilmente de una persona a otra. El origen del virus está en los fluidos de los roedores y el contagio suele producirse al inhalar partículas contaminadas presentes en su orina saliva o heces” explica Páez Romero especialista en Otorrinolaringología de Monarka Clinic.
La mayoría de los contagios se producen en espacios cerrados poco ventilados o con presencia de roedores como almacenes graneros o construcciones abandonadas donde el polvo contaminado puede inhalarse fácilmente durante tareas de limpieza. Por este motivo, los especialistas recuerdan que el verdadero riesgo no está tanto en compartir espacio con una persona infectada sino en exponerse a lugares donde haya restos biológicos contaminados por roedores infectados, algo que ocurre especialmente en determinadas zonas de América donde circulan las variantes más agresivas del virus.
Lo que sí es cierto es que el hantavirus puede llegar a ser especialmente grave debido al importante daño pulmonar que provoca en el organismo: “Este virus altera de forma severa los vasos sanguíneos del pulmón aumentando la permeabilidad capilar y provocando una acumulación de líquido que dificulta el intercambio de oxígeno y puede derivar rápidamente en insuficiencia respiratoria” añade Páez Romero.
Según explica el especialista algunos tipos de hantavirus asociados principalmente a determinadas zonas de América pueden alcanzar tasas de mortalidad de entre el 35 y el 40%
En cuanto a la prevención, las medidas más eficaces pasan por evitar la exposición a zonas con presencia de roedores, extremar la higiene y ventilar adecuadamente los espacios cerrados antes de limpiarlos para evitar levantar partículas potencialmente contaminadas.
“El verdadero peligro no está en compartir espacio de forma casual con una persona contagiada sino en exponerse a lugares donde haya restos contaminados de roedores infectados”, concluye Páez Romero.

