Pese a ello, el tráfico de pasajeros creció un 6%, hasta 61,3 millones de viajeros. Los ingresos aumentaron un 1%, hasta 4.380 millones de euros, mientras que los costes operativos se dispararon un 11%, hasta 3.810 millones, debido principalmente al aumento del precio del combustible no cubierto.
El consejero delegado, Michael O’Leary, explicó que la demanda se vio afectada por la cautela de los consumidores, las preocupaciones sobre el suministro de combustible en Europa y las reservas de última hora. Los ingresos por vuelos programados descendieron un 1%, hasta 2.910 millones de euros.
En el plano financiero, Ryanair mantenía a finales de junio una tesorería superior a 2.800 millones de euros, tras amortizar deuda por 1.300 millones e invertir 500 millones en capital. La compañía destaca que su sólida liquidez le otorga una ventaja frente a competidores más expuestos al alza de los costes financieros, del combustible y de los arrendamientos de aeronaves.
La aerolínea también ha ejecutado cerca del 90% de su programa de recompra de acciones de 750 millones de euros. Entre sus prioridades figuran la inversión en nuevos Boeing MAX-10, el pago de dividendos y reforzar la caja hasta los 4.000 millones de euros.
De cara al ejercicio fiscal 2027, Ryanair prevé incrementar un 4% el tráfico de pasajeros, hasta 216 millones. No obstante, evita realizar previsiones de beneficios por la incertidumbre derivada de la evolución del precio del combustible, los conflictos en Oriente Medio y Ucrania, la situación económica y los problemas recurrentes del control aéreo europeo.
