La menor actividad de los mercados, el recuerdo de algunos episodios de elevada volatilidad y la ausencia de muchos inversores alimentan esa percepción. Sin embargo, la evidencia histórica dibuja un escenario bastante diferente, en el que los acontecimientos macroeconómicos y geopolíticos han tenido un impacto mayor que la estacionalidad del verano.
En concreto, agosto suele registrar menores volúmenes de negociación en muchos mercados desarrollados debido al periodo vacacional. Eso hace que la variabilidad en el comportamiento de los mercados en los meses de agosto sea muy elevada y, por lo tanto, que la capacidad predictiva de esa estacionalidad se quede más limitada.
La razón para que agosto mantenga esa fama de mes complicado tiene menos que ver con la rentabilidad que con el funcionamiento del propio mercado. «No es que agosto sea un mes especialmente negativo; lo que ocurre es que, al haber menos volumen de negociación, cualquier noticia puede tener una trascendencia mayor de lo habitual». «Una cosa es que exista una mayor sensibilidad a episodios puntuales de volatilidad y otra muy distinta asumir que agosto es un mes negativo para las bolsas», añaden.
Es cierto que algunos de los sobresaltos bursátiles más recordados ocurrieron precisamente durante el mes de agosto. La rebaja de la calificación crediticia de Estados Unidos en 2011 o las turbulencias provocadas por la devaluación del yuan chino en 2015 contribuyeron a consolidar la percepción de que agosto es un mes especialmente delicado. Ahora bien, convertir esos episodios excepcionales en una regla general para basar una decisión de salir del mercado en este mes, supone en sí misma un riesgo mucho mayor.
Por ejemplo, agosto de 2020 fue especialmente positivo para los mercados bursátiles. Para el S&P 500 fue uno de los meses mejores del año con una subida del 7,19%, el Nasdaq avanzó el 9,7% y el Euro Stoxx 50 alrededor del 3,2%, lo que demuestra que agosto no necesariamente responde a la percepción de mes adverso para la renta variable.
Errores frecuentes antes de vacaciones
Precisamente, ese sesgo de percepción es lo que explica algunos de los errores que muchos ahorradores cometen antes de marcharse de vacaciones. El primero consiste en vender posiciones «por si pasa algo». Desde un punto de vista emocional, puede parecer una decisión tranquilizadora, pero financieramente rara vez está justificada. «Si nuestras circunstancias personales no han cambiado, tampoco debería hacerlo nuestra estrategia de inversión», señalan los expertos. «Seguimos teniendo el mismo horizonte temporal, las mismas necesidades y los mismos objetivos; las vacaciones no modifican ninguno de esos elementos».
Otro comportamiento habitual consiste en retrasar nuevas inversiones esperando una hipotética caída de los mercados durante agosto. En realidad, supone intentar anticipar el mejor momento para entrar en bolsa, una tarea extraordinariamente difícil incluso para los gestores profesionales. «El ‘timing’ es un factor del que el inversor minorista debería intentar alejarse. Ni siquiera los mejores gestores del mundo son capaces de identificar sistemáticamente el mejor momento para invertir».
A ello se suma la tentación de consultar la evolución de la cartera varias veces al día desde el lugar de vacaciones. “Estar informado siempre resulta positivo, pero convertir el descanso en un seguimiento permanente de los mercados suele favorecer decisiones impulsivas basadas en movimientos de corto plazo”, añaden.
Por tanto, si durante las vacaciones las bolsas sufren una corrección, la respuesta que deberían adoptar los inversores dependería sobre todo del trabajo realizado antes de invertir. “Si la cartera está correctamente diversificada y adaptada al horizonte temporal y al perfil de riesgo del inversor, una corrección puntual no debería obligar a tomar decisiones precipitadas. Además, conviene distinguir entre una caída provocada por un acontecimiento puntual y un cambio estructural en las perspectivas económicas o empresariales. Esa valoración requiere un análisis profesional y difícilmente puede hacerse observando únicamente la evolución diaria de los mercados”, explican los expertos.
Por ese motivo, revisar la cartera antes de las vacaciones solo tiene sentido cuando han cambiado las circunstancias personales del inversor o si este desea comprobar, junto con su asesor financiero, que la estrategia continúa alineada con sus objetivos. “Lo que no debería hacerse es modificar una cartera simplemente porque el calendario marque la llegada de agosto”, insisten los expertos.
Al final, la principal enseñanza que deja la historia de los mercados es que las inversiones de largo plazo rara vez deberían depender del calendario. Las vacaciones duran unas semanas; una estrategia de inversión puede acompañar al ahorrador durante décadas. Por eso, como resumen : «En inversión, descansar no significa salirse del mercado; significa confiar en una estrategia bien construida».

