Según la Encuesta de Población Activa (EPA) del segundo trimestre de 2026, este colectivo suma 762.500 personas, el 30% del total de parados, de las que 399.000 se encuentran en desempleo de larga duración.
La situación contrasta con la de los grupos más jóvenes, que suelen reincorporarse al mercado laboral en menos tiempo. Mientras el 10% de los desempleados de 20 a 29 años lleva más de dos años buscando empleo, ese porcentaje se eleva al 38% entre los mayores de 50.
Este escenario ha dado lugar al llamado «Síndrome del Teléfono Apagado», un término utilizado por el proyecto SAVIA, impulsado por Fundación Endesa y Fundación Máshumano, para describir el impacto emocional de una búsqueda de empleo prolongada cuando dejan de llegar llamadas, entrevistas y oportunidades laborales.
Los expertos advierten de que el desempleo prolongado afecta no solo a la economía de quienes lo padecen, sino también a su autoestima, motivación y confianza. Con el paso de los meses, muchos profesionales sienten que el mercado laboral deja de contar con ellos pese a su experiencia y capacidad.
Es el caso de Martín Ramírez, profesional tecnológico de 61 años, que acumula 19 meses en búsqueda activa de empleo. Reconoce que la frustración ha marcado este periodo y afirma que su edad suele aparecer como un obstáculo en los procesos de selección.
Ante esta realidad, SAVIA trabaja desde hace más de ocho años para mejorar la empleabilidad de los sénior mediante orientación, formación y actualización de competencias, además de promover la eliminación de los prejuicios por edad en las empresas.
Los responsables del programa recuerdan que detrás de las estadísticas hay profesionales con décadas de experiencia que siguen preparados para aportar valor. Por ello, defienden la necesidad de reforzar la formación, ampliar las redes de contacto y revisar los procesos de selección para que la experiencia vuelva a ser un factor diferencial.
Historias como la de Enrique Caetano, de 57 años, demuestran que la reincorporación es posible. Tras más de un año desempleado, logró volver al mercado laboral como director de una fábrica de caucho, gracias a la actualización de competencias y a su red de contactos. Su caso refleja que el principal reto sigue siendo combatir los prejuicios asociados a la edad y valorar el talento con independencia de los años.
