Según datos recogidos por Financial Times, los tiempos máximos de espera se han duplicado este verano en comparación con 2025 en aeropuertos como Fráncfort y Múnich.
En Fráncfort, las colas alcanzaron los 120 minutos en julio, frente a los 60 del año pasado. En Múnich, el tiempo máximo pasó de 31 a 60 minutos, mientras que en Ámsterdam aumentó de 80 a 120 minutos.
El origen de estas demoras está en la implantación del sistema europeo de Entrada/Salida (EES), que obliga a los viajeros procedentes del Reino Unido y de otros países extracomunitarios a registrar huellas dactilares, fotografía y datos personales al entrar en la UE.
El sector turístico llevaba tiempo advirtiendo de posibles problemas operativos. El consejero delegado de Ryanair, Michael O’Leary, calificó el sistema de «mal diseñado» y reclamó una alternativa digital que reduzca la congestión en los aeropuertos.
Aunque el objetivo del EES es reforzar la seguridad fronteriza mediante un mejor control de entradas y salidas, su despliegue ha estado marcado por retrasos técnicos y dificultades operativas. El aeropuerto de Fráncfort reconoció que los nuevos controles han generado retrasos y alteraciones en la operativa habitual.
Los datos muestran que los mayores problemas se concentran en las horas punta. En Múnich, el aumento de las colas afecta principalmente a los pasajeros sometidos a controles manuales, mientras que los ciudadanos de la UE siguen utilizando los accesos automáticos.
Para aliviar la situación, muchos aeropuertos han suspendido temporalmente parte de los controles, como la toma de huellas en momentos de máxima afluencia. Estas flexibilidades expirarán en septiembre, aunque varios países han solicitado a Bruselas una prórroga.
La Comisión Europea mantiene contactos con los Estados afectados y defiende que el tiempo medio de registro es de unos 70 segundos. Además, subraya las ventajas de seguridad del sistema, que ha registrado ya 160 millones de entradas y salidas.
Pese a las incidencias, aerolíneas como British Airways sostienen que el impacto general sobre sus operaciones ha sido limitado, mientras que easyJet reclama a los aeropuertos una gestión más flexible para evitar esperas excesivas a los viajeros.
