Mientras pierde peso la llegada de trabajadores procedentes del Este de Europa, crece con fuerza la de colombianos, venezolanos y marroquíes, en paralelo al avance de una economía cada vez más orientada a los servicios y menos dependiente de la construcción y la industria.
Los inmigrantes que impulsaron el crecimiento de principios de siglo, especialmente rumanos y búlgaros, llegaron atraídos por el auge inmobiliario y la abundante demanda de mano de obra en construcción y oficios técnicos. Sin embargo, el aumento del coste de la vida, la vivienda y la menor capacidad de ahorro han llevado a muchos a abandonar España. Según Funcas, el país atrae inmigrantes con facilidad, pero tiene una de las tasas de retención más bajas de Europa, cercana al 50%.
Rumanía es el caso más representativo. Tras alcanzar más de 750.000 residentes en 2012, la comunidad rumana se ha reducido en más de 230.000 personas. La evolución de la población búlgara ha sido similar.
En sentido contrario, la inmigración procedente de Colombia, Venezuela y Marruecos se ha disparado. Los colombianos rozan ya el millón de residentes y los venezolanos quintuplican su presencia respecto a 2008. Marruecos supera los 1,16 millones de residentes. Estas nacionalidades lideran también las nuevas llegadas registradas por el INE.
El cambio coincide con la evolución del empleo. Desde 2008, la construcción ha perdido unos 800.000 puestos de trabajo y la industria ha reducido su peso, mientras que los servicios han ganado más de 2,5 millones de ocupados. Actualmente concentran alrededor del 77% del empleo.
La nueva inmigración encuentra oportunidades principalmente en hostelería, comercio, transporte, cuidados personales, agricultura y actividades administrativas. Los trabajadores extranjeros representan ya el 15,6% de los afiliados a la Seguridad Social, con una presencia especialmente elevada en hostelería, agricultura, construcción y empleo doméstico.
En conjunto, el relevo entre nacionalidades refleja una transformación profunda de la economía española. La España que hace dos décadas atraía mano de obra para construir viviendas es hoy una economía dominada por los servicios, que demanda perfiles distintos y atrae inmigrantes de nuevos países de origen.
