Sus prioridades parecen ser, primeo, su candidatura para dirigir la Organización Internacional del Trabajo (OIT), cuyas elecciones se celebrarán en noviembre, y, después, la puesta en marcha de reformas laborales que quedaron pendientes antes del verano.
Díaz cuenta como aval con los buenos datos de empleo, el récord de afiliación a la Seguridad Social y la reforma laboral de 2021, que contribuyó a reducir la temporalidad. Sin embargo, competirá por la dirección de la OIT con el actual responsable del organismo, Houngbo.
En el ámbito nacional, la principal asignatura pendiente es la aprobación del nuevo sistema de registro horario digital para controlar las horas extraordinarias no remuneradas, una medida que el Ministerio de Trabajo esperaba sacar adelante antes de agosto. El retraso ha provocado críticas de CCOO y UGT, que exigen su aprobación antes de negociar nuevos acuerdos con el Gobierno.
La iniciativa forma parte del paquete de medidas asociado a la reducción de la jornada laboral, bloqueada en el Congreso por la mayoría formada por Junts, PP y Vox. Además, Díaz mantiene diferencias tanto con la patronal como con el ministro de Economía, sobre el alcance de algunas reformas laborales.
Con un otoño marcado por los desafíos políticos y electorales, la ministra afronta meses decisivos tanto en el plano internacional como en el doméstico.
