Trump, en esencia, ha estado presionando a la Reserva Federal para que recorte los tipos de interés desde el inicio de su segundo mandato, mientras que el presidente de la FED que él mismo nombró está enviando señales claramente agresivas.
El mensaje fue muy claro en Jackson Hole: el problema es la inflación, no el crecimiento ni el mercado laboral, y la tarea de la Reserva Federal es combatir la inflación, ya que esta no descenderá por sí sola hasta el objetivo del 2%. Al hacerlo, Warsh dejó claro a los mercados que se avecinaba una subida de los tipos de interés; en otras palabras, justo lo contrario de lo que exige Donald Trump. Trump no necesita tipos de interés bajos para la economía, que ya está funcionando bien, sino para los consumidores, que ya están sufriendo el aumento de los precios en otros ámbitos debido a la guerra con Irán que él mismo instigó.
Será interesante ver si la misma guerra de palabras que presenciamos durante el mandato de Jerome Powell como presidente se producirá pronto entre la Casa Blanca y la Fed en Washington.
En cualquier caso, quienes esperaban que el nombramiento de Kevin Warsh supusiera un giro hacia una política monetaria expansiva en EE. UU. se han equivocado de lleno, al menos por el momento.
