La tasa general subió al 2,9 %, y la subyacente, al 2,5 %, lo que resulta más alarmante, ya que podría reflejar una propagación de las presiones inflacionarias hacia componentes no volátiles. Dada la resiliencia que está mostrando la actividad económica, como evidenciaron los PMI de julio, los inversores están cada vez más convencidos de que el crecimiento de la eurozona es lo suficientemente robusto como para afrontar una nueva subida de tipos por parte del BCE en septiembre. Tanto es así que el mercado de swaps ya descuenta plenamente este endurecimiento monetario.
Aunque seguimos pensando que el BCE está actuando con excesiva prudencia, ya que aún no se han observado efectos inflacionarios de segunda ronda, estamos convencidos de que no dará marcha atrás y volverá a subir los tipos en septiembre. La reanudación de las hostilidades entre Estados Unidos e Irán y el precio de los futuros del gas natural europeo no hacen sino reforzar nuestra convicción. Así las cosas, creemos que al euríbor a 12 meses le podría quedar algo de margen alcista, aunque el repunte inmediatamente posterior a la reunión de septiembre debería ser relativamente moderado, dado que este movimiento está plenamente descontado. Más allá de septiembre, nos cuesta apostar por más subidas de tipos. El actual repunte inflacionario está causado íntegramente por el lado de la oferta y, ni mucho menos, nos encontramos con una economía que se está acelerando en exceso. No obstante, todo dependerá de cuánto perdure la guerra de Irán.
