La medida llega en un contexto marcado por las dificultades de exportación derivadas de la guerra en Irán y las tensiones en rutas clave como el estrecho de Ormuz y el mar Rojo.
La decisión fue adoptada por los principales países productores del grupo durante una reunión telemática. Con ella se interrumpe temporalmente la estrategia de revertir los recortes voluntarios de producción acordados en 2023 para sostener los precios del crudo. El último aumento, de 188.000 barriles diarios, entró en vigor el pasado 1 de septiembre.
Pese a las cuotas oficiales asignadas, varios miembros de la alianza producen por debajo de sus objetivos. La guerra en Irán ha reducido la capacidad de extracción y exportación de algunos países, mientras que Rusia también afronta dificultades por los ataques a infraestructuras energéticas. Como consecuencia, la producción conjunta de la OPEP en julio fue un 17% inferior a la registrada antes del conflicto.
La creciente diferencia entre los niveles de producción reales y las cuotas pactadas complica las negociaciones internas para redistribuir el bombeo entre los 21 integrantes de la alianza. Irak reclama una mayor participación tras la salida de Emiratos Árabes Unidos de la OPEP, mientras que la situación de Venezuela añade incertidumbre al futuro del grupo.
La próxima reunión de la OPEP+ para evaluar la evolución del mercado petrolero está prevista para el 4 de octubre.
