La combinación de unas reservas inferiores a las de años anteriores, el retraso en la recuperación del suministro de GNL procedente de Catar y la inestabilidad geopolítica en Oriente Medio está impulsando los precios y elevando la preocupación por la seguridad energética.
El índice TTF, referencia del gas en Europa, ha alcanzado los 80 euros por MWh, un 148% más que al inicio del conflicto con Irán. Los analistas de Morgan Stanley prevén que el precio se sitúe en torno a los 85 euros durante el invierno, aunque podría superar los 100 euros si persisten las interrupciones del suministro catarí o se agrava la tensión en la región.
La situación se complica porque Europa llega a la temporada de frío con los niveles de almacenamiento más bajos de los últimos 15 años. A comienzos de septiembre, las reservas comunitarias apenas alcanzaban el 65,3%, muy por debajo de los registros de los últimos ejercicios. Esta circunstancia obligará a los países europeos a competir con mayor intensidad por los cargamentos de gas natural licuado (GNL) en los mercados internacionales.
Los expertos contemplan tres escenarios. El más probable pasa por precios elevados pero estables, con un invierno de temperaturas moderadas. Un escenario favorable combinaría clima suave y recuperación gradual de las exportaciones cataríes, permitiendo que el gas retrocediera hacia una horquilla de 55 a 65 euros por MWh. En cambio, si los problemas de suministro se prolongan, el mercado podría volver a una situación similar a la vivida tras la crisis energética de 2022.
A los riesgos actuales se suman el limitado margen para aumentar las exportaciones desde Noruega y la futura eliminación del GNL ruso en la Unión Europea a partir de 2027, lo que incrementará la dependencia del gas estadounidense y la competencia global por el suministro.
El encarecimiento del gas ya se está trasladando al mercado eléctrico. En España, donde los ciclos combinados han ganado protagonismo en la generación energética, los futuros de la electricidad para el último trimestre del año han subido cerca de un 40% en solo tres meses. Algunas estimaciones apuntan a que la factura de la luz podría aumentar alrededor de un 8% si la tensión energética continúa durante el invierno.
En este contexto, Europa depende en gran medida de que las condiciones meteorológicas sean favorables. Un invierno suave aliviaría la demanda, pero cualquier episodio de frío intenso podría desencadenar nuevas subidas de precios y una mayor presión sobre el suministro energético del continente.
