En otras palabras, las rentas del alquiler avanzaron cinco veces más rápido que los ingresos de este colectivo.
La brecha se ha ampliado aún más en los últimos años. De acuerdo con los datos de Idealista, los alquileres se han encarecido un 66% desde 2008, frente al aumento del 36% de los costes salariales. Esta evolución ha convertido la emancipación en un objetivo cada vez más lejano para una parte importante de la población joven.
La tasa de emancipación entre los 16 y los 29 años ha caído hasta el 14,5%, el nivel más bajo registrado, mientras que la edad media para abandonar el hogar familiar supera ya los 30 años. Según el Consejo de la Juventud de España, un joven que quisiera vivir solo tendría que destinar prácticamente todo su salario al pago del alquiler.
Los expertos advierten de que esta situación genera un círculo vicioso: quienes no pueden comprar una vivienda se ven obligados a permanecer en el mercado del alquiler, aumentando la demanda y presionando aún más los precios. Al mismo tiempo, la dificultad para ahorrar retrasa el acceso a la propiedad.
El problema trasciende el ámbito inmobiliario. El retraso en la emancipación afecta a la creación de hogares, la natalidad y la movilidad laboral, mientras que las empresas encuentran cada vez más dificultades para atraer trabajadores en las grandes ciudades debido al elevado coste de la vivienda.
No es casualidad que sindicatos como UGT y CCOO hayan situado la vivienda entre las principales reivindicaciones de la huelga general convocada para el 11 de noviembre. Ambos sostienen que las subidas salariales pactadas en los últimos años son insuficientes para compensar el fuerte encarecimiento del mercado residencial.
